Opinión

Natalia Lafourcade Enamora a Guatemala

2014 fue la última vez que los ojos de los guatemaltecos lograron apreciar el arte de la por siempre brillante Natalia Lafourcade, en ese entonces una artista muy distinta a la que reconocemos hoy. Del pop al folclore mexicano —y, por qué no decirlo, al folclore latinoamericano—, la transformación de Natalia a lo largo de 12 años construyó un puente hacia uno de los shows más impactantes que he presenciado.

Sin necesidad de humo, orquesta o banda, Natalia mostró sus talentos de la forma más simple, pero elegante posible. Solo ella y un piano —este último en manos de su colaborador eterno, Emiliano Dorantes—. Una voz y un piano nos serenaron durante dos horas, creando un ambiente de intimidad: el sentimiento de ser invitado a un hogar por una amiga de años para disfrutar de su música por efímeros momentos juntos.

Siempre he considerado que Natalia tiene una de las mejores voces de nuestra generación, sin importar el idioma, pero escucharla en vivo es una experiencia distinta. Su voz es cálida e inocente, como la de una madre que quiere contar las historias de su vida y sus experiencias mientras nos arrulla con el piano de fondo. Su voz es tan impactante en vivo que, por momentos, sentí que la necesidad de usar un micrófono era inexistente y que, hasta cierto punto, este era un estorbo para una artista de su calibre.

Más que un concierto, una experiencia, adornada por el Teatro Nacional. Uno de los últimos lugares culturales de Guatemala, el teatro sirvió como marco para la postal que nos regalaba Natalia. Con cada canción que pasaba, el escenario, los balcones y el arte creado por el Maestrísimo Efraín Recinos, diseñador y arquitecto del Centro Cultural Miguel Angel Asturias, relucían cada vez más. Con cada nota del piano y cada letra que Natalia exclamaba, la cultura guatemalteca impresa en cada muro cobraba más vida.

Salí del concierto apreciando la necesidad que tenemos de cuidar y desarrollar más lugares como estos, que al final reflejan quiénes somos. Tal vez lo estoy sobrepensando, pero eso es lo que hace la música de Natalia: pensar en lo que te rodea, recordar de dónde vienes y a qué vienes, conectándote hasta la raíz.

Una experiencia musical como ninguna otra. Natalia Lafourcade logró entrelazar a sus espectadores con el orgullo, los recuerdos de sus amores eternos y el aprecio por el arte y la cultura viva que solo Latinoamérica tiene. Doce años fueron una espera larga, pero valió la pena cada minuto para conocer a la artista que hoy es Natalia.

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Marlon Fuentes

El golpe avisa

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