Tyler, The Creator domina el escenario en Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto por Marlon Fuentes para El Timbre Suena.
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Tyler, The Creator en Costa Rica: El terremoto creativo que San José necesitaba

Si ves el acrónimo “OFWGKTA”, puede parecerte el resultado de un gato caminando sobre tu teclado o la contraseña de ese correo que hiciste en el colegio y ya no usas. Pero, para un sector de la población mundial que estuvo crónicamente en internet durante la década de 2010, esas letras identifican al colectivo Odd Future.

Se trataba de un grupo de adolescentes rebeldes —y claramente talentosos— que tuvo sus inicios en SoundCloud y Bandcamp lanzando canciones con mensajes vulgares, ofensivos y blasfemos para sacudir a su audiencia. Sé que esa descripción no suena atractiva, pero la magia del universo Odd Future radicaba en que nada de lo que se decía era “en serio”. El grupo era puro sarcasmo; buscaba la reacción visceral de quien lo escuchara y, como imaginarán, fue un éxito rotundo entre los adolescentes de la época.

Tanta fue la fama del colectivo que sellaron colaboraciones con marcas como Supreme, Vans y Santa Cruz, entre otras. Odd Future era una máquina de dinero y, sobre todo, una incubadora de estrellas. Dentro de sus filas surgieron nombres como Frank Ocean y Earl Sweatshirt, artistas altamente populares y respetados; pero ninguno alcanzó las alturas del líder del grupo: Tyler, The Creator. Autorreconocido como un theater kid que odiaba la autoridad, amaba los gatos, el skate y ofender a las personas, Tyler siempre buscó diferenciarse radicalmente del resto de la industria.

Colectivo OFWGKTA en 2012. Fuente: Last.fm.
Colectivo OFWGKTA en 2012. Fuente: Last.fm.

Su mensaje era brusco, fuerte; su cuenta de Twitter vivía en mayúsculas porque decía que siempre estaba gritando, pues “no hay nada de qué estar feliz”. Tyler no solo era el líder de un grupo musical, sino el referente de toda una generación de adolescentes.

Avancemos rápido hasta hoy. Tyler ya no es ese chico molesto; actualmente es uno de los artistas más respetados en una industria que alguna vez lo rechazó. Este cambio de aires sucedió porque, en palabras del propio artista: “Maduré, solo era un adolescente pesado”.

Este nuevo horizonte nace con el lanzamiento de su disco Flower Boy, una obra donde Tyler mostró su lado más vulnerable. En ella habla del padre que nunca conoció y del amor que no le correspondió, todo bajo sonidos influenciados por el jazz y el soul. Era un Tyler renovado. Sin embargo, lo que lo solidificó como un “artista serio” ante los ojos de la crítica fue su siguiente álbum: IGOR.

Cada disco de Tyler narra la historia de un personaje distinto: Wolf Haley, Sam, Flower Boy y, finalmente, IGOR, quien representa a un “monstruo” obsesionado por un amor no correspondido. A pesar de que Tyler siempre desnuda sus sentimientos en su música, mantiene su vida privada bajo llave y nunca ha hecho pública una relación formal. En este disco, relata cómo se enamoró de un amor prohibido de su mismo sexo; cómo le costó procesar esos sentimientos y la situación en la que vivía, sintiéndose como una criatura que debía habitar en las sombras por temor al rechazo y la vergüenza de su pareja.

IGOR demostró ser su mayor éxito comercial, superando a DJ Khaled en la misma semana de su lanzamiento, lo que provocó una recordada reacción de molestia por parte del productor. Fue tal el impacto, que Khaled se sintió obligado a publicar un video en TikTok donde, señalando su propio álbum, afirmaba que su música era para “escucharse en el carro” y pasarla bien —insinuando que la de Tyler no lo era—. Fiel a su estilo, Tyler respondió con un simple tuit, riéndose de la situación. Retomando el hilo, IGOR le otorgó a Tyler su primer Grammy y, desde entonces, su trayectoria no ha hecho más que ascender de forma imparable.

Posteriormente, en un lapso de cuatro años, Tyler lanzó tres álbumes que fueron recibidos con entusiasmo tanto por la crítica como por sus seguidores. Primero, CALL ME IF YOU GET LOST (CMIYGL); un disco que explora el éxito y el glamur que ahora tiene a su disposición a través de Tyler Baudelaire, su alter ego más lujoso. Sin embargo, esta opulencia sirve de “pantalla” para los temas de fondo: de nuevo, Tyler se toma el tiempo de explicarnos que la fama y el dinero no lo han cambiado en esencia. Sigue en una búsqueda incansable del amor, relatando su relación más reciente y cómo la disparidad de sus estilos de vida los conduce al éxito materialista, pero no al emocional.

Su siguiente paso fue CHROMAKOPIA, donde nos introduce a St. Chroma, una figura que representa una faceta más madura y expresiva, actuando como un guía emocional. En esta entrega, St. Chroma narra los eventos más recientes en la vida del rapero: la posibilidad de una paternidad que no llegó a término, cómo el rechazo de su padre alimenta su miedo al compromiso y cómo su estilo de vida le impide establecer vínculos sólidos, dejando a la música como su única relación monógama.

Finalmente llegamos a su trabajo más reciente, Don’t Tap the Glass. Aquí, como bien advierte Tyler en la introducción, el artista “Only Speaks in Glory”. Su nuevo personaje, Big Poe, solo busca la diversión absoluta. Sin importar con quién o con qué, el disco es —en palabras de Tyler— “solo para bailar y pasarla bien”. No esperen un mensaje introspectivo o profundo; a veces, simplemente se trata de bailar, olvidarse del celular y de las penas cotidianas para vivir el momento y participar activamente en la propia vida.

Tyler, The Creator. Fuente: @PigsAndPlans vía The Black and White.
Tyler, The Creator. Fuente: @PigsAndPlans vía The Black and White.

Cada uno de estos álbumes posee una identidad sonora única. Como mencioné, Flower Boy se inclina hacia el jazz rap con delicados arreglos de R&B. En IGOR, Tyler explora texturas más cercanas al rock y al punk, utilizando sintetizadores agresivos que evocan la energía de un moshpit. Por su parte, CMIYGL está profundamente influenciado por el West Coast rap de figuras como Tupac y Nate Dogg.

Con CHROMAKOPIA, el artista experimenta con el funk experimental y el rock, mientras que su trabajo más reciente, Don’t Tap the Glass, se conecta directamente con la música dance y la electrónica, aunque sin abandonar nunca sus raíces en el hip-hop. Si este recorrido no les convence de la categoría de artista que es y de su posición como uno de los creadores más versátiles de la actualidad, entonces no sé qué más podría decirles.

Desde su ascenso al estrellato global, el rapero ha sido reconocido como uno de los “hottest tickets in town”. Eso explica por qué el anuncio de una gira por Latinoamérica, incluyendo una parada en Centroamérica, fue una sorpresa total para fans como yo; era una cita que no me iba a perder. Junto a uno de mis mejores amigos, tomamos un vuelo hacia Costa Rica con el único objetivo de asistir al concierto en Parque Viva, un venue con capacidad para 20,000 personas y, probablemente, el único recinto en la región con la infraestructura necesaria para albergar el despliegue que un artista de este calibre convoca.

Finalmente aterrizamos tras un vuelo que, aunque debía ser corto (una hora y media), terminó siendo de tres horas por los típicos retrasos de las aerolíneas de bajo costo (el precio de viajar barato). Era mi primera vez en este país. Costa Rica posee una mezcla encantadora entre lo caribeño y lo europeo, y San José me recordó inevitablemente a mi natal Zona 1; así que dedicamos el día a recorrer la ciudad y empaparnos de una nueva cultura.

Mientras más tiempo pasábamos ahí, más evidente se volvía una realidad: no somos tan distintos. Quizás cambien los acentos y la comida, pero, en esencia, comparten esa cultura cálida y amistosa propia de Centroamérica. Relato esto porque el día del concierto aprendí una lección: esa cortesía cultural se desvanece cuando se trata de estar cerca de tu artista favorito. No importa la educación recibida, la amabilidad innata o las amistades previas; si el objetivo es ver a Tyler de cerca, la multitud es capaz de pasarle por encima a cualquiera.

Fans de Tyler, The Creator caracterizados como IGOR y Tyler Baudelaire durante la espera en Parque Viva (2026). Foto: Marlon Fuentes para El Timbre Suena.
Fans de Tyler, The Creator caracterizados como IGOR y Tyler Baudelaire durante la espera en Parque Viva (2026). Foto: Marlon Fuentes para El Timbre Suena.

Llegamos cuatro horas antes de la hora anunciada. Originalmente teníamos asientos numerados, pero Juan, mi amigo, consiguió entradas más cerca del escenario. Así que: adiós silla, adiós numeración y adiós mala visibilidad. Hola sudor ajeno, calor humano y la mejor panorámica posible; yo estaba extasiado. Tyler ha sido un ícono para mí: recuerdo intentar emular su personalidad mientras crecía y cómo ambos fuimos madurando con el paso de los años. Con su sonido cambiando y yo evolucionando a la par, esta relación con su música se sintió finalmente recompensada en este concierto.

El único obstáculo era la fila. Al igual que nosotros, cientos de personas se habían formado desde temprano; platicando con nuestros “vecinos” de espera, supimos que algunos estaban allí desde las 9:00 a. m. La paciencia no es precisamente una virtud que me caracterice en los conciertos, así que, como buen groupie, ideé un plan. Me acerqué a la puerta preguntando por la “entrada para mi localidad” solo para que los guardias me confirmaran que era una fila única. Lo que no sabían era que esto era parte de mi estrategia: usé la duda como distracción y les pedí que me indicaran dónde estaba el baño, esperando el momento justo para mezclarme con un pelotón de personas.

Tyler, The Creator imponiendo presencia sobre el escenario de Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto: Marlon Fuentes para El Timbre Suena.
Tyler, The Creator imponiendo presencia sobre el escenario de Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto: Marlon Fuentes para El Timbre Suena.

Mi oportunidad no tardó en aparecer. Oportunista como soy, caminé en diagonal hacia un grupo que se aproximaba al ingreso y me infiltré. Un guardia se me acercó y, antes de que pudiera articular palabra, le mostré mi entrada con una pregunta rápida: “¿Aquí es el acceso al Golden Circle?”. Sin esperar respuesta, me adelanté y logré entrar.

Una vez dentro, me encontré con un mundo abstracto: gente corriendo para ganar lugar en la segunda espera, vestuarios coloridos que representaban todos los alter egos de Tyler, gorras y playeras de le FLEUR*, puestos de merch (donde, por supuesto, compré algo), inflables y spots para fotos. Era un universo entero construido alrededor de esa “secta de la personalidad” que es Tyler, The Creator.

Después de un par de horas de espera, el momento había llegado. Empezaron a dejar entrar a todos al venue, así que decidí unirme a la “clica corredora” y me apresuré para ganar mi lugar lo más cerca posible del escenario. A ojo de buen cubero, calculo que comencé la guardia a unos cuatro o cinco metros de la tarima. Honestamente, nada mal; pero hay un gran inconveniente cuando llegas temprano para asegurar el mejor puesto: la espera. Y vaya que esa espera fue una auténtica tortura.

Tyler, The Creator enigmático en el escenario de Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto: Marlon Fuentes para El Timbre Suena.
Tyler, The Creator enigmático en el escenario de Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto: Marlon Fuentes para El Timbre Suena.

Aquí quiero abrir un pequeño paréntesis para un segmento que me gusta llamar “El Timbre enseña”: en un concierto, al tener tantos cuerpos agrupados, ocurre una transferencia de calor constante. Por ello, si la temperatura ambiente es de 35°C (mind you), la sensación térmica puede dispararse hasta los 40°C o 45°C, dependiendo de la densidad de personas y la humedad del área.

Esto fue exactamente lo que me sucedió: el calor era insoportable. Por si fuera poco, aún restaban dos horas para la hora marcada en la entrada como el inicio del show. Durante ese tiempo vi de todo: porras ingeniosas, ráfagas de agua lanzadas hacia el público para que unos cuantos afortunados se hidrataran y hasta tres personas siendo evacuadas por golpe de calor. Parecía un episodio de Squid Game.

Tras sobrevivir a esa espera, llegó finalmente la hora anunciada, pero poco sabía yo que la pesadilla aún no terminaba. El tiempo pasaba y no se veía movimiento en el escenario. El público perdía la paciencia gradualmente; escuchaba gritos a mi izquierda y derecha mientras la temperatura seguía en ascenso. Llegué a un punto de saturación tal que preferí cerrar los ojos, tratando de meditar e ignorar el entorno. Me puse los audífonos para concentrarme, ignorando las porras que exigían la salida de Tyler.

De repente, las luces se apagaron. Un grito de alivio colectivo inundó el recinto y una voz robótica exclamó: “Welcome, number one body movement”, desatando un estruendo de emoción entre las 20,000 personas presentes. La agonizante espera había terminado: Tyler, The Creator entraba al escenario.

Como zombis en película o como señoras en liquidación de Cemaco, el público se abalanzó hacia la tarima en una auténtica avalancha humana. No sé cómo ocurrió, pero de estar a cinco metros del escenario, terminé empujado a escasos dos metros de la acción.

Agradezco a Dios haber nacido alto; de lo contrario, posiblemente habría sido aplastado por la marea de gente que empujaba para ganar centímetros hacia la tarima. Tyler inició en la penumbra con los acordes de Big Poe y, justo en el beat-switch, saltó a escena con un traje de cuero completamente rojo, su gorra clásica y la agilidad de un bailarín profesional. No hubo bailarines, banda ni escenografía compleja; solo estaban él, una pantalla y un micrófono. Y vaya si fue suficiente.

En cada minuto del concierto, era imposible no admirar su calibre como showman. Sus movimientos, su energía contagiosa, el manejo de la audiencia y sus intervenciones cómicas parecían fríamente calculados para crear un momento icónico. Aunque mi celular está algo desactualizado, la cercanía y la habilidad de Tyler para posar hacían que cada toma pareciera el trabajo de un fotógrafo profesional. Era enigmático: un one-man show con más fuerza de la que cualquier banda completa podría soñar.

El setlist fue una especie de “Eras Tour” para los raros del salón. Durante una hora y media, Tyler repasó sus grandes éxitos con énfasis en sus dos eras más recientes, pero con guiños para todos. Ya fueras un veterano de Odd Future o un converso reciente, hubo espacio para todos. Joyas como “Tamale” o “She”, a menudo relegadas por pertenecer a sus inicios, electrizaron la mitad del show.

El punto de quiebre llegó de la forma más inesperada: Tyler lanzó al público la toalla que usó para secarse el sudor. El estruendo fue ensordecedor. La gente peleó por ese trozo de tela como si fuera el mismísimo manto de Jesús; el furor fue tal que, en el jaloneo, una persona resultó lastimada. Fue una muestra cruda del tipo de fanaticada que Tyler ha cultivado: intensos, rebeldes y devotos a lo que él representa.

Para el cierre, la curiosidad reinaba en el Parque Viva. De pronto, las luces se apagaron y la voz de un general de guerra ordenó a su pelotón: “Left, right, left and right… keep in step”. “See You Again” sería la elegida. Fue la conclusión perfecta para una experiencia salvaje: una canción de amor dedicada a los recuerdos de quienes ya no están, que trajo una paz inesperada al público mientras veíamos a nuestro artista favorito bailar al ritmo de una marcha militar.

Poco a poco, su sonido comenzó a desvanecerse mientras un grupo de cuerdas crecía en intensidad; Tyler lo dio todo en esta última interpretación. En ese instante, el público dejó de empujar y codearse para simplemente apreciar el momento que cerraba uno de los mejores recuerdos para cada fanático en el estadio. Es cierto que Tyler no es para todos, pero su versatilidad y poder de adaptación musical garantizan que, casi con seguridad, exista una canción suya para cualquier persona.

Siendo un enigma en su vida privada, pero poseedor de una personalidad tan fuerte y magnética que te hace sentir que lo conoces —aunque no sea así—, Tyler, The Creator le entregó a Costa Rica un fragmento de su mundo personal. Un pedazo de vida que permanecerá vibrando en cada persona que fue testigo de su paso por el Parque Viva.

Tyler, The Creator domina el escenario en Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto por Marlon Fuentes para El Timbre Suena.
Tyler, The Creator domina el escenario en Parque Viva, Costa Rica (2026). Foto por Marlon Fuentes para El Timbre Suena.

Texto por Marlon Fuentes.
Editado por Julio Adelso.

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