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YE: ¿Héroe o villano? La delgada línea roja de separar el arte del artista

Separar el arte del artista es mi excusa favorita cuando querés disfrutar del trabajo de un personaje controversial. Es una frase directa, con rima, fonéticamente atractiva; la mejor respuesta política que podemos dar a una crítica válida. Ye, anteriormente conocido como Kanye West, es el ejemplo perfecto de una figura controversial. Desde criticar la elección de Video Musical del Año enfrente de la ganadora, hasta hacer comentarios antisemitas y pagar un anuncio del Super Bowl donde claramente se está drogando con óxido nitroso. Ye siempre dará de qué hablar y siempre será controversial. Por lo que hay que preguntarse: ¿Hasta dónde es válido separar el arte del artista?

Considero que no hay una respuesta objetiva al respecto, pero para mí la respuesta es simple. Esta frase es cierta siempre y cuando el arte sea bueno y, en el caso de Ye, el arte es muuuuuuy bueno.

Veinte años después de su última presentación, Ye regresa a México con dos conciertos en la Monumental Plaza de Toros. Un lugar que ha tenido la oportunidad de recibir a los artistas mexicanos más grandes, como Vicente Fernández y Plácido Domingo, y que desde figuras como Paul McCartney o Dire Straits no recibía a un artista internacional de tal calibre; y mucho menos a uno tan controversial. Camino al evento no sabía qué esperar; por momentos me emocionaba la idea de ver a mi artista favorito desde que soy niño. La idea de escuchar canciones como Ghost Town, Stronger y Power hacía que mi cabeza doliera y mi estómago rugiera. Los nervios se apoderaban de mí por cada minuto que pasaba en el Uber camino a la Monumental. Pero, por encima de estos nervios, existía cierta incertidumbre.

Verán, si han puesto atención al lore de Kanye West estos últimos meses, sabrán que no han sido los mejores para un fan de Ye como lo soy yo. Muchas veces fui criticado e, inclusive, cuando salía el tema de Kanye en reuniones sociales y yo lo defendía, terminaba en peleas fáciles de evitar. Hasta cierto punto, tus amistades se van a cansar de escuchar «pero él hizo Graduation» una y otra vez. ¿Por qué cuento esto? Porque cada controversia que pasó durante esos meses alimentaba más la idea de: «¿Y si cancela el concierto?». La entrada no fue barata, el hotel y el vuelo menos. Había gastado más de lo que planeaba en comida y, aun así, nada me aseguraba que iba a poder ver a mi artista favorito. Por lo que sí, cada minuto que pasaba en ese Uber era un minuto acercándome a uno de los mejores momentos de mi vida o a una decepción clara y profunda.

Llegué al lugar vestido para la ocasión: toda mi ropa negra, con mi playera marca Yeezy (que solo pude comprar porque todo vale 20 dólares en yeezy.com) y lentes de sol, por bichote. La espera fue sumamente tranquila. Por cómo está construido el lugar, la Monumental tiene múltiples entradas alrededor para cualquier tipo de localidad. Yo había comprado en «Segundo Tendido A», que en contexto guatemalteco es como si estuvieras a la mitad del público en un concierto en un campo de tierra. Se miraba increíble.

Camino a tu lugar tenés que pasar por un túnel con luces rojas. No sé si fue intencional o si siempre están allí, pero esas luces hacían la experiencia más emocionante. Es como cuando hacés fila para un juego mecánico y no podés seguir esperando. Entre la ansiedad que te genera la adrenalina y la emoción que ya de por sí tenés por el evento, es verdaderamente una montaña rusa de emociones.

Luego de una espera de dos horas (que no es una queja, yo quería llegar antes para gastar mi dinero en merch sobrevalorada), por fin pude tomar mi lugar. Cuando entré a la Monumental, lo primero que vi fue el escenario. La plaza de toros es un área estilo coliseo, donde todos los asientos van alrededor del escenario y están ordenados en forma de cono, de lo más bajo a lo más alto. Veo el escenario y lo primero que pienso es: «Se ve bastante sencillo». No me malentiendan, no estaba feo, pero estamos hablando de Kanye West. El mismo artista que ha hecho presentaciones en plataformas flotando por encima del público, o con bailarinas corriendo alrededor de él mientras toca un piano de cola con un traje completamente rojo. Por lo que voy a ser honesto: cuando lo vi por primera vez, me sentí un poco decepcionado.

Qué equivocado estaba.

Tal reloj suizo que llega a la estación en punto, el concierto arranca a las 8 p. m., como decían las entradas. Cuatro monjes cantando entran a escena, usando togas completamente blancas y cada uno portando antorchas. ¿Simbología? Tal vez, pero realmente no les sabría decir el significado. Uno por uno, los monjes van saliendo del escenario hasta que su canto se transforma en silencio y, en una espera de lo que se sintió como minutos, lo vemos entrando en escena a través del humo artificial, con ropa completamente blanca. En palabras de Charlie Murphy en el show de Dave Chappelle: «No les miento, su aura o lo que sea… lo vi».

Foto por @nike.kd
Foto por @nike.kd

Aún no me lo creía. Un fan desde que salió 808s & Heartbreak, un fan que sobrevivió a la cancelación de Taylor, de Kim, de los judíos; un fan que nunca pensó que este momento llegaría. Por fin llegó.

Una vez Ye entró al escenario y se colocó en medio de lo que había llamado «un poco decepcionante», el concierto empezó con Heartless y allí lo pude entender. El escenario estaba incompleto hasta el momento del concierto. Rayos de luces rojas y blancas rodearon el escenario, generando lo que solo puedo describir como un «campo de fuerza» alrededor de nuestro artista. La mezcla de humo, luces y fuegos artificiales hacía que cada momento del concierto se sintiera como una obra de arte en vivo. Una pintura creándose enfrente mío, con un hombre rapeando sus canciones más famosas. Sin banda, sin bailarinas, sin distracciones que te pudieran quitar la atención sobre él y lo que había preparado para el público. Kanye había llegado y nos llevó a una experiencia que solo un artista como él puede dar.

Podría hacer un ensayo como este por cada una de las canciones, pero quiero hacer hincapié en dos momentos del concierto: la entrada de North West y Runaway. North era la invitada especial del concierto. La hija mayor de Kanye, fruto de su primer matrimonio con la también controversial Kim Kardashian, iba a hacer su primera presentación en vivo. Fue exactamente como se imaginan que fue: una niña tratando de seguir el ritmo de sus «canciones» junto con su papá. Si esa descripción no les da a entender que disfruté mucho este momento, entonces fallé.

Existe una belleza poética en que la primera hija de Kanye diera su primer concierto con un público tan amigable como el mexicano, y fue aún más poético ver las expresiones de Ye por cada palabra que North decía en el micrófono. Como fan de vida de este hombre, era bueno saber que, a pesar del desorden que puede ser su vida, algo siempre será cierto: los padres de niñas siempre estarán orgullosos de sus hijas. El público mexicano (y yo) celebramos a North como si fuera la artista revelación del año. No porque haya sido una presentación relevante o haya cambiado el rumbo del concierto, sino porque, por la vida parasocial que tenemos con este artista, solamente queremos disfrutar de las mismas cosas que él disfruta.

Fotos por @nike.kd
Foto por @nike.kd

Cada momento después de esta intervención de North iba conectado uno con otro. Empezamos con sus canciones más nuevas y divisivas, como Carnival y Preacher Man, y luego de que dejamos esa era, comenzamos con bangers: Famous, FourFiveSeconds, All Falls Down, Jesus Walks. El hombre nos estaba dando todos los hits y más. Hasta que por fin llegamos al final. Escuchamos su voz que nos dice: «Esta es la última canción, imagino que ya saben cuál es».

Qué nivel de artista tenés que ser para que una sola nota de Mi menor en un piano suene y 45,000 personas griten y lloren. Runaway había entrado al concierto. El escenario blanco se tornó de un color rojo fuerte por las luces; por cada nota del piano, un fuego artificial salía de los puntos más altos del estadio. De nuevo, 45,000 personas cantando a todo pulmón lo que personalmente considero una de las mejores canciones de todos los tiempos. Era la primera vez que experimentaba algo así: una mezcla de emoción colectiva, apreciación, despechos «pal pecho» y felicidad de vivir lo que estábamos viviendo.

Foto por @nike.kd
Foto por @nike.kd

Termina la canción y comienza una voz cantando sobre un talkbox con distorsión, haciendo armónicos de despedida. Una experiencia como ninguna otra, asegurando su lugar como mi top artista, top concierto y mostrando por qué es —y debería ser considerado— el mejor artista de nuestra generación.

Ahora, con este contexto, regresemos al inicio. Separar el arte del artista suena ideal, pero no lo es. ¿Runaway sería la misma experiencia si el arte no hubiera sido plasmado por ese momento controversial que lo hizo llamarse a sí mismo «douchebag» y «asshole»? Probablemente no. ¿Stronger y Power serían lo mismo sin que su personalidad egomaníaca estuviera en todo momento tan plasmada en nuestra cabeza? Definitivamente no.

Por muy idealizado que suene, es imposible separar el arte del artista, porque el arte es el artista. Alguien como Kanye utiliza sus medios para pedir perdón, como autorreflejo de lo que sucedió en ese momento por lo que la sociedad lo odia y no lo disculpa. La controversia es su pintura y la música su pincel. Separar uno del otro es tratar de ver el arte solo como acordes en un instrumento y no como una interpretación honesta de quién es el artista. Júzguenme si quieren, pero cada vez que tengamos la oportunidad de disfrutar de genialidad —en cualquier ámbito y en cualquier campo—, sin importar qué tan agradable sea o no el artista, debemos tomarla. Cada vez estos personajes se hacen más escasos, y tenemos que aprovecharlos mientras existen, mientras nos rodean y mientras tengamos los medios para hacerlo.

Texto por Marlon Fuentes
Fotografías oficiales por Jason Martinez

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El Timbre Suena

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