Entrevistas

En Conversación, Santiago De Simone

Santiago De Simone está en el medio de todo. Sí, todo. El multifacético ingeniero de sonido se especializa en mezcla y grabación de audio, pero eso no predetermina su rol en la escena argentina.  Diez años de trabajo y es solo el principio. El año pasado fue uno de los más productivos en su carrera: estuvo involucrado 275 canciones, 78 shows en vivo en 26 ciudades en todo el mundo. Este parece ir por el mismo camino.

Pieza fundamental. La falta de prejuicios para trabajar es parte del éxito de Santi. El permitirse sorprender ha permitido que más gente se sienta identificada con esa forma de laburar. Los proyectos más disruptivos se deciden por él. Bohemian Groove, el número uno indiscutible en esa lista.

Charlamos con Santi acerca de su definición de sonido, cómo maneja la incertidumbre, el lugar que ocupa en la escena y el regreso a su rol como productor con Nenagenix.

¿#AQuéSuena Santiago De Simone?

Lo defino como audio crocante. Una vez lo dije, me cagué de  risa y después quedó como una especie de muletilla. Como un sticker, sí. Me incliné por eso y lo sigo usando. Me causa risa pararme desde un lado donde quizás está mal, entendés. Hoy en día todo es prístino, nítido, digital, súper HD. Audio crocante, está quemado, está malo. Una vez un amigo me hablaba de diferentes mixers de la escena, ‘¿vos cómo te definirías con respecto a esos otros mixers que son todos clase A?’ No sé, no puedo. Sé lo que escucho cuando escucho a otros mezcladores. Reconozco que mi audio tiene escamas, con lo bueno y lo malo que eso significa.

Trato de respetar la visión del artista en mi audio. No sé si eso tiene mucho sentido porque estamos hablando de audio y es una cuestión mucho más técnica y física. Si hay decisiones tomadas del artista que yo pienso que quizás no entran dentro del canon de lo normal, no me importa y lo respeto. De hecho, entro en conversación acerca de si eso fue un accidente o está bien. Con los años, tuve mucho más desarrollado el poder de observación y ni siquiera hacerle esa pregunta al artista. Puedo entender cuál es un factor distintivo o cuál es un error. De última, entrar en la conversación con las mezclas, ‘che, ¿cambiaste esto? Me gusta ahora’. ‘No, me gustaba eso que había hecho yo antes’.

Es muy difícil explicar qué audio hacés cuando, al mismo tiempo, uno impone una personalidad en el trabajo que hace.

Hago un trabajo muy fuerte de correrme la ecuación como mixer. Trato de estar y no estar, no sé cómo explicarlo. Como productor es otra cosa. También hay artistas y productores que me valoran y me reconocen eso. Hay otros productores que quizás necesitan un mixer que imponga su sello, sonido y funciona por ese lado. No sé cómo funcionan otros mixers, te digo cómo funciono yo. Me sorprendí cuando lo dije, audio con escamas. Salió de la nada y mi amigo se cagó de risa, ‘es una muy buena definición, te encaja muy bien’. 

Estás en el medio de todo. Venís con trabajo, sin cesar, en los últimos cuatro años. Surreal, te diría. De afuera, como si no hubiera altibajo alguno.

No sé cuál es mi imagen residual en el colectivo cultural de la escena. Cuando creo saberlo, me doy cuenta que no sé nada. Al mismo tiempo, hay algo implícito. Es feo decirlo, pero sí me doy cuenta que estoy en el medio de un montón de movidas, que formo parte de algo. Tampoco quiero un rédito de eso. El premio es estar ahí y vivirlo en primera persona, más que nada.

En la era en la que vivimos, siempre en la industria musical, artística y cultural, los egos son volátiles. Determinan acciones, pensamientos, direcciones y decisiones que, quizás en su sano juicio, no lo tomarían. A veces, el ego los nubla. El ego siempre fue algo muy importante para mí. Se lo podés preguntar mis últimas tres terapeutas. Creo que es muy necesario que uno tenga un ego desarrollado y que se alimente. Hablo del ego malo, entendés. Hablo del ego de que te lleva a hacer cagadas.

Aprendí que el premio es la vivencia, es estar en el medio y participar. Es el mejor plugin que podés llegar a usar.

Al principio estaba muy, creo que nos pasa a todos… hay una parte de gear porn. Se pone muy técnico y empezás a pensar qué necesitas para lograr este sonido o qué usa este ingeniero, etcétera. ¿La respuesta a eso? La mejor herramienta para hacer mejor música es laburar con gente que te pique. Gente que te ponga a prueba, que tengas que pelar, que aprendas, que hagas música que no entendés cómo se hace. Con Fermín lo venimos hablando mucho, de cómo nos gustan los discos que podés identificar ciertos instrumentos, ‘ah, ok. Acá está pasando esto. ¿De dónde salió?

No hablo de la música electrónica, hablo de un proyecto como Gorillaz. Todo lo que hace Damon Albarn tiene esa impronta, ‘¿qué es eso qué es lo que está sonando?Hay algo muy lindo en eso de trabajar con música que no entiendo cómo se hace. Al día de hoy, me sigue generando un fuego adentro. Es la adrenalina que sentí cuando agarré la guitarra por primera vez. La adrenalina cuando toqué delante de gente, la que sentís cuando descubrís algo nuevo, algo espectacular. Cuando me pasa eso con cada proyecto que laburo y hay un momento donde decís, ‘¿cómo?

Es esa capacidad de asombro que se pierde en el camino. Hay un cinismo implícito en esta industria. Entiendo que el trabajo es trabajo, pero te permitís pasar ese umbral, te emocionás todavía. Mucha gente, claramente, no lo hace. 

Yo también lo experimento. Sí que hay veces en que tu trabajo se vuelve un trabajo. Hay una industria alrededor de este trabajo. A veces, la industria tiene distintos márgenes y hay música que funciona más como producto. Eso no quiere decir que sea mejor o peor. Si la música o el arte entran en un proceso de manufactura y se repite, puede pasar lo mismo con las modas de los shows en vivo. Deja de haber capacidad de asombro. Eso no quita que no se haga con pasión.

Se pone en tela de juicio esa valoración acerca del arte. Hay una policía del arte, ‘es música manufacturada’. Pitchfork le da 4.2 puntos. Entonces, ¿está hecho con más o menos pasión que ‘The White Album’ de Los Beatles? No lo sé. Al fin y al cabo, este trabajo te enfrenta a ese tipo de situaciones. Siempre estuve muy en contra de los extremos puristas respecto al arte. Quizás es por eso… tratando de buscar explicación con respecto a lo que decías antes, de por qué trabajo con tanta gente, muy disímil o estoy en medio un montón de proyectos…

En parte, es eso. Hay gente que le gusta laburar con gente no tiene prejuicio. Yo no tengo prejuicios para laburar, ni a nivel personal ni musical. Sí tengo prejuicio con quienes no me llevo bien y no trabajo con esa gente. Directamente, tampoco me eligen a mí. 

¿Podés encontrar el momento en donde te dijiste a ti mismo que estabas haciendo las cosas bien? 

Las veces que pensaba que estaba haciendo las cosas bien, la terminé chocando. ¿Si uno espera la validación constante? Me pasó y aprendí a no esperarla más. No espero más la validación constante de los colegas o artistas con los que trabajo. No estoy esperando un extracrédito. Si atás tu valoración del laburo a eso, tarde o temprano, la chocás.

Me doy cuenta de que estoy haciendo bien las cosas porque sigo trabajando en los proyectos que me gustan y me siguen llamando.

También me doy cuenta que los proyectos que me llaman empiezan a tener un hilo conductivo acerca de qué es lo que pasa musicalmente o por qué me gusta. Entonces, ahí sé que estoy haciendo bien las cosas. Después hay cuestiones de uno. Tengo mezclas favoritas que hice y que tuvieron repercusión. Otras tipo, ‘¿cómo puede ser que no le hayan dado bola a eso?’ Temas que tuvieron un montón de plays, ‘ché, qué bueno está eso’ y para mí fue un ‘ok’.

Estaba viendo una entrevista muy divertida a Christoph Waltz en la que hablaba del teatro. Hablaba de esa bendición-maldición del actor que es inversamente proporcional: el día que él cree que fue totalmente aburrido y una mierda lo que hizo, el 99% va a haber pensado que fue la mejor obra que había hecho en su vida. Linkeo mucho la actuación con la música y la cocina, son tres universos que van muy de la mano. Al final del día, tenés que estar satisfecho vos por dentro con lo que haces. Si estás esperando la valoración de los demás, es complicado. 

Créditos: Nasty Chinchilla
Tu trabajo, hasta cierto punto, tiene que ser colocar todo lo que haces y hacerlo visible. Más que eso, enfocarte en tener el que vos querés. 

Exactamente. Igual, no deja de ser cierto que nada de esto hubiese pasado si yo no hubiese trabajado con Dylan. ¿La posición que me dio trabajar con él? Ni hablar de formar parte de su equipo de audio y de su sello. Podría darte esta charla hace cinco años atrás y te hubiese dicho exactamente lo mismo, pero sin en el nivel de repercusión de lo que estaba haciendo. Claramente, hay una diferenciación en trabajar con un artista que tiene otra exposición y uno trabaja también de otra manera.

Presentación de ‘POST MORTEM’ en Luna Park, octubre 2022. Créditos: Santiago De Simone

Te enseña a trabajar de otra manera donde sabés que mucho más ojos van a estar puestos sobre el artista. Tenés una responsabilidad donde es tan liviana la charla acerca de qué estás haciendo o no. Eso es algo que se aprende transitándolo. Me estuve preparando diez años para ese momento. 

Llevás un par de años con trabajo recurrente, un catálogo extenso, cada vez trabajando con proyectos que tienen una mayor repercusión. Esto no significa nada en esta industria. ¿Cómo manejás la incertidumbre? 

Transito. Nuestro trabajo tiene algo muy hermoso y traumático a la vez. Si se lo preguntas a cualquiera que trabaja en un disco te va a decir lo mismo: el duelo. Es tan fuerte la energía y lo que uno entrega al hacer un disco… por más que te hablé acerca de correrme de la ecuación sino que el foco sea la música y la visión del artista, es imposible no empaparte en ese proceso creativo. 

Obvio que hay discos donde uno participa de acuerdo a las distintas circunstancias, pero ¿hacer un disco? En el momento que lo terminás y entregás, estás desempleado. Por eso te hablaba de que es muy parecido con el mundo del cine. Mucho de lo que a mí me ayudó a tratar de entender la psicología de todo este laburo es ver un montón de entrevistas, Inside the Actors Studio, de cómo manejan la presión, cómo manejan ir de un proyecto a otro.

Es totalmente distinto a lo que yo aprendí acerca de tener un trabajo de nueve a seis de la tarde, los fines de semana libre, te vas de vacaciones, te jubilas y te morís. Esto es distinto. Podés hasta planificar y decir, ‘voy a trabajar este disco por los próximos seis meses. Voy a trabajar estos discos, que ya tengo agendados, porque quiero experimentar este tipo de música. Quiero trabajar con este tipo de artistas porque proyecto tal cosa’. Yo nunca hablé de proyectar. Trato de que la zanahoria esté un poco más cerca.

Quiero dejarme sorprender. Cada vez que planifiqué algo, la cagué. Ser padre me enseñó mucho acerca de eso también.

Hay cosas que podés planificar. Por otro lado, tenés que ser extremadamente dinámico en la vida, dejarte sorprender, ser flexible. Para un pibe italiano, conservador, criado de una manera muy conservadora, que tardó diez años en estudiar lo que quería por una cuestión de mandato, fue muy difícil entender eso. Por eso te digo, me preparé diez años para que me vaya bien. Me preparé diez años, mentalmente, para hacer ‘POST MORTEM‘. 

Tenés una perspectiva particular de la escena argentina. Lo has hablado en otras entrevistas. En los últimos cuatros años se han visto cambios importantes en la industria. ¿Cuál es tu lugar ahí?

Cambió mucho la escena en estos últimos años, los roles igual. ¿Post pandemia? De golpe fue un boom. Todo el mundo vendía tickets y hacía sold outs. La gente estaba ansiosa de salir. Todos creíamos que la escena había cambiado. Dos años después de eso, claramente cambió. La gente crece también y te marca hacia dónde va el consumo. Me veo como una persona ‘multi tópico’ en el audio.

Obvio que lo que más me gusta es mezclar, creo que es donde más resalto. Al salir la oportunidad, y lo hablamos mucho con Fermín… se craneó la génesis de ‘POST MORTEM’ e ir a defender el show en vivo; que fueran los mismos interlocutores que habían hecho el disco y salir a hacernos, a curtirnos. Hacernos cicatrices, aprender y a demostrar lo que nosotros pensábamos y queríamos hacer. Hablo de ese trinomio, Luis, Fermín y Evar. Sentí una libertad espectacular.

Hay una predeterminación de que los roles en el audio tienen que ser fijos. Si sos una persona de estudios, sos una persona de estudios. Si sos una persona de vivo, sos una persona de vivo. Si sos un mixer, no podés masterizar. Sin masterizar no podés grabar. Me fui dando cuenta, gracias a toda esta generación de música urbana que copó y barrió con todo, de que los roles no existían más. Tampoco había más reglas. Hay una pandemia, nos podríamos haber muerto todos. Entonces, eso me ayudó a liberarme de muchos preconceptos.

Me encontré con muchos amigos y colegas que me decían, ‘vos no podés hacer esto’. Fui y lo hice.

Me pasa ahora que no quiero trabajar con todo el mundo. Me interesa hacer vivo con Dillom o con Fermín, que son las personas que más me dejan involucrarme, a nivel audio, en su proyecto. Sé que puedo aportar. No soy el mejor ingeniero de sonido en vivo, ni en pedo. Hay gente que es infinitamente mejor que yo. Me atrae eso de de borrar los límites de mi profesión en vez de ser una persona de audio que mezcla y hace sonar a Dillom en vivo. Ahora volví a producir. Quiero estar aprendiendo todo el tiempo, no me quiero autolimitar. 

¿Dirías que tu búsqueda ahora es dejar ver qué sucede? 

Hay algo de eso. Nunca voy a dejar de mezclar.

Puedo, el día de mañana, no trabajar más con nadie y aburrirme y volverme un ogro en el medio de la montaña que voy a seguir mezclando por placer.

Hay discos por los que me pagan un montón de plata y hay discos que hago por arte. Me gusta hacer lo que hago. Nunca voy a dejar de mezclar. No voy a dejar de hacer sonido en vivo con Dillom, salvo que me diga que no va más. Si está en mi elección, es algo que quiero seguir haciendo. Uno se retroalimenta del otro. Me ayudó mucho a ser la persona que soy ahora. 

Hablame de Nenagenix. ¿Cómo llegan a tu órbita? Sé que venís de este angst, caos y creo son el vivo ejemplo de que puedes capturar esa esencia y trasladarlo a una nueva generación. Hablan a esas sensibilidades. ¿Qué te generan?

Eso mismo (risas). Mi adolescencia, en los 90s, la música que yo escuché eran bandas como Nenagenix. Llegan a mí porque parte de la Rip Gang eran amigos y les iban a ver. Se habían vuelto muy fanáticos de ellos. Alguien me dijo que estaba buenísima la banda. La escuché, me gustó, les fui a ver en vivo y me volví loco.

Ya tenía relación con Fran y con Lau, dos de los integrantes, porque formaban parte del proyecto de Sara. Teníamos buena onda. Me acuerdo que Fran tuvo un inconveniente, creo que la habían robado los platos. La plata que estaban ahorrando para hacer su disco la iban a invertir en eso. Le dije, ‘arreglá tus platos, usá esa plata para comprarlos porque vamos a hacer el disco. Yo me voy a encargar de que hagamos el disco’. Hablamos con el resto de la banda y nos juntamos en el estudio. Pegamos onda, al toque. Me entendieron a mí y viceversa.

En mi caso, fue amor a primera vista. Ese día ya estábamos escuchando música y nos explotaba la cabeza. ‘Bueno quédense tranquilos. Voy a encontrar la forma de financiar este disco, de poder hacerlo de esta manera’.

Lo logramos. Nos encerramos en el estudio, empezamos un trabajo de pre-producción. Tenían un par de temas y fueron componiendo otros temas en la sala. Los pulimos. Me mostraban idea, ‘esto va, este es un temazo’. Nos dimos cuenta que tenían el disco bastante avanzado, la idea estaba muy marcada.

A la hora del audio fue todo muy fácil porque fue tratar de revivir los viejos sonidos de esas bandas que yo escuchaba en los 90. Hablo de Placebo, Deftones. Hay cosas de Warpaint en el armado de las voces. Hablamos mucho acerca de hacer un disco diferencial. Estábamos escuchando lo que estaba pasando en la escena y sentía que con el disco le teníamos que dar la derecha a la banda. Es una banda con un potencial increíble y que tiene unas canciones que no había escuchado en ningún otro lado ni en el mainstream de acá. Entonces dije, ‘bueno, hagamos un disco que le haga justicia‘.

Tenés una buena vocalista. Falta mucho de eso en la escena.

Sí. Es muy loco porque es raro encontrar una front woman que vaya al frente, que tenga una imagen tan potente y una postura muy marcada. Al mismo tiempo, que tenga esa nivel de interpretación. Son una banda pop. Con teenage angst y lo emo, pero no dejan de ser canciones. Eso fue lo fundamental. Siempre hablamos de eso: canciones, canciones, canciones. Después podemos adornarlo de un montón de cosas, con guitarras, brutalidad, buscar momentos clímax, drops. Drops en la música alternativa. Lo podemos lograr como lo hicimos en el final de ‘Asfixia’ con el grito de ella y las guitarras que entran en los costados que te abrazan y te llevan puesto.

Al fin y al cabo, es una guitarra criolla en una voz. Si podemos tocar todos los temas así, lo logramos. En ese sentido, queríamos ese nivel de simplicidad. Aunque no parezca tan simple, la banda ya lo tenía. Solamente era cuestión de mostrárselos y transitar el camino juntos e ir descubriéndolo. Martu es una vocalista de la reputísima madre. Vic es una bajista increíble. Se lo dije a ella. Grabamos las tomas y creo que tuvo un solo piff en los cuatro días de grabación que tuvimos del bajo. Las tomas eran perfectas, clavadas. Un sonido, una actitud, un peso… era, claramente, la columna vertebral de la banda con Fran, en la batería.

Especialmente en el bajo, le da… todos hablan de cómo suena la bata en el disco y suena así porque tiene ese bajo encima. Como todas las grandes bases rítmicas del rock, entendés. Después, las guitarras ya flotaban por sí solas. Cada uno tiene su personalidad. Blas tiene su personalidad y sonido, Lau lo mismo.

Era cuestión de grabar, buscar el audio, ajustar pequeñas cosas del audio y que vuelen. Fue un disco muy fácil de hacer.

Solamente había que transitarlo porque las canciones ya estaban. El nivel de arreglos de ellos estaba muy decidido y muy marcado. Siempre que nos fuimos para una tangente donde se complicaba, ‘no, no, no, es por acá. Vamos, volvamos a lo simple. Volvamos a lo conciso’. Muchas veces, uno quiere demostrar un punto. Ya el hecho de hacerlo está demostrando el punto. A veces uno quiere hacer algo noise y quizás tu música ya lo es. No tenés que hacerlo más noise. Ese fue mi rol dentro del proceso. 

Si estás enfrente de una puerta, tocás el timbre, ¿quién te abre?

Abren mi esposa, mis hijos y mis papás. Toco la puerta y me dicen, ‘sentate que vamos a comer, dale’. Es lo que más me gusta de mi vida, volver a casa.

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Martha Elisa Estrada Cortez

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