Entrevistas

Estructuras, Capas, Yuxtaposiciones Y Pop Con FERMIN

La cantidad de música que salió en estos meses desordenados y confusos, sin importar el lugar de origen, fue abrumadora. Imposible estar al día. ¿Problemas de primer mundo? Y, sí. Eso es lo que pasa cuando se busca, de manera consciente, algo que me mueva. Este encierro necesita compañía. Hay un anhelo. Busco conexión. No lo escondo.

Quisiera tener el momento preciso en que me topé con ‘Domiciliaria‘. Un EP cortito. 4 canciones. No recuerdo haber escuchado algo así antes. ¿Lo primero que vino a mi mente cuando escuché el compilado? Desconcertante. No lo puedo describir. Si alguien me pregunta cómo suena, no sé qué decir. Es música. No es que se decida un género, sub-género, mood, siquiera. Cada canción es distinta. 

El no tener una estructura es la estructura misma. No me sé explicar, pero Fermín Ugarte entiende lo que quiero decir. FERMIN, como se le conoce en esta faceta de solista, está creando su propio lenguaje. Hay una versatilidad en la construcción del personaje. Todo parte desde el juego.

Para FERMIN, la música es un ejercicio para explorar los límites sonoros. Es jugar para darle la vuelta a la fórmula. Esto es el resultado de un proceso muy disperso. Caótico, mejor dicho. La connotación podría causar revuelo, pero es el appeal. ¿La decisión que toma de utilizar la voz como un instrumento más? La distorsión vocal que utiliza, en determinadas ocasiones, me parte la cabeza. Esta idea de llegar a notas que no existen como una extensión del sentimiento me atrae.

Me habla. Tomo como propia la intención. La rendición de ‘Logos‘, mi canción favorita, es una muestra de esa capacidad de la que hablo. Claro está que hizo click conmigo. Como todo lo nuevo que me genera esto, no le puedo dejar de escuchar.

No es sano, en lo absoluto. Hay algo familiar con lo que él propone. Es como si estuviera reviviendo lo que Miranda! me hizo sentir después de la primera escucha de ‘Es Mentira‘. A lo mejor es ese contraste del instrumental que va muy arriba, pero tiene una capa introspectiva. Es eso que en la primera lectura se pasa por alto, pero que queda en el inconsciente. Los años pasan, y ese sentimiento persiste. 

Infatuation, como todo. Es esta necesidad de escuchar, diseccionar, ver créditos, deconstruir y darle al repeat button. Es leer entre líneas. Es encontrar nuevos significados a lo que está. Es escucharlo con audífonos, conectarlo a la bocina para después llevarlo a un volumen inhumano en el tráfico. Corre y va de nuevo. No hay descanso. Pienso que debería darle un tiempo, pero vuelvo. Es así, difícil de racionalizar.

No debería de esperar menos de mí. Me gusta escuchar trabajos completos. Parece ser que tengo la paciencia para esto. Nunca fui de singles. Prefiero postergar la escucha. Me pasa que tengo necesito un principio y un fin, y ‘Domiciliaria‘ tiene eso. El orden es perfecto. Fue una decisión natural. Aparecen en según fueron saliendo, sin tanta vuelta. Es emoción pura. Vulnerabilidad. Estos 14 minutos son abstracción pura.

FERMIN se permitió sentir y lo compartió. Me habla. Es un sentido de identificación inmediato. No debo de ser la única. Es un imán, me parece. No soy la única que lo ha sentido así. Su nuevo material está siendo acompañado por Juan Stewart, el prolífico productor argentino. Un nuevo material que suena a nada de lo que propuso en ‘Domiciliaria‘. En lo absoluto. Es otra cara del pop. Bueno, coincidimos en el término porque es popular. No hay más que eso.

Sus singles más recientes muestran una oportunidad para que nuevos escuchas lleguen debido a esta reinterpretación del género del que hablamos. A esto hay que sumar la puntual dirección creativa en el material visual para esta nueva etapa. Surreal, pero congruente con este mundo que propone. Es este universo muy propio y que le habla directamente a quien le tiene que hablar.

Debería dejar de hacer una introducción tan extensa, pero no puedo dejar de compartir lo que siento por él. Creo que es el futuro. Realmente, lo creo. Platicamos acerca de la dificultad de resumir el sonido y propuesta que trae, la simpleza de las letras que tiene, el juego, contrastes entre lo sonoro y el sentimiento, el público, la falta de hobbies, y créditos.

 ¿#AQuéSuena FERMIN?

Mi música, de alguna forma, la instrumentación, producción, siempre la pienso como si fuese la vestimenta. La ropa de la canción es el exterior. El punto conector es más mi identidad; como artista, en cuanto a las letras, melodías. Si vos agarrás mi música y le vas quitando capas y capas, en el fondo de eso siempre hay una canción muy simple. Siempre hay un mensaje muy simple, siempre hay un sentimiento muy claro. El impulso creador siempre viene desde un lugar muy emocional, nunca es intelectual.

Por eso la música es tan, aparentemente, diferente entre sí. Mi proceso creativo no pasa nunca por lo racional. Siempre es una cuestión muy primal, muy impulsiva. Me meto en una zona de juego, una especie de rabbit hole. Me voy metiendo, metiendo, metiendo y cuando salgo hay algo terminado. No sé qué forma tiene hasta que el proceso está terminado.

Por eso también trato de condicionarme lo menos posible, en ese sentido. Es muy raro que yo apunte a hacer algo, ‘voy a hacer algo que suene a esta manera, este artista, este género’.

Simplemente trato que la cosa fluya y sorprenderme con lo que suceda después. Por lo que la etiqueta, la única etiqueta que siento que me queda cómoda es pop. Pero, porque es canción popular. Después, como está vestida es accesorio. Creo que es pop, con todo lo que engloba eso. Es infinito. 

¿Cómo validás? No es que te tengan que entender, pero hay muchos elementos que en la primera pasada se ve solo la superficie, pero hacen click. 

Es algo completamente instintivo. Sí tengo un equipo de trabajo, estoy rodeado de gente muy talentosa. Por suerte, tengo un entorno muy nutritivo; en general, el feedback es posterior al proceso creativo. Es más una cuestión interna, de que simplemente clickea, se siente bien o no se siente bien. En general, si una idea no me clickea, la descarto. La tiro y voy a otra cosa.

No insisto mucho con ideas que ya, de entrada, no funcionan. Para que una canción llegue a ser terminada y publicada tiene que despertarme algo dentro mío, me tiene que hacer latir el corazón fuerte.

Me tiene que generar algo. Es como el amor. Cuando sucede, lo sabés. No sabés qué es, pero se materializa. Es lo mismo. Es algo, puramente, instintivo.

Hay algo desconcertante en esto que hacés. ¿Cuándo decidís que va por ahí?

Mi proceso es muy caótico. Es pura energía caótica. Particularmente, este EP, ‘Domiciliaria’. Increíble. Cumple 1 año ahora. Me pasó que, en Argentina, empezó la cuarentena estricta. No recuerdo si fines de marzo o principios de abril, pero fue muy shockeante. De un día para otro, todos encerrados. Un escenario muy incierto. Aparte, yo siempre tuve una vida social muy activa, salir mucho, ir a ver a bandas, estar con gente.

De un día para otro, encerrados. Se acabó todo. Imaginate que yo venía trabajando de producir shows en vivo, tocar en vivo. Veía siempre gente, gente, gente. De repente, la nada misma. En ese shock, y la posterior angustia, ahí empieza a nacer este EP. Nace con herramientas muy mínimas, con recursos muy simples, pero desde un lugar, puramente, catártico. Es mi primer material como solista. Yo antes tenía una banda, Tobny Houston. También producía.

Partió de una necesidad, de una urgencia. Fue de, ‘bueno, estoy acá’. Fue un acto mecánico. Ni siquiera fue de, ‘voy a hacer esto de esta manera’. Prendí la computadora, agarré la guitarra, el micrófono, y pasó eso. De hecho, las canciones se compusieron en el orden en el que está el EP. El EP es un registro de tiempo. Salieron en orden y así están publicadas. Hice, solamente, esas cuatro canciones en ese periodo.

Lo primero que resaltó de ‘Yonqui’ fue la cantidad de beat changes. Un rollercoaster, por donde lo veás. Las guitarras estridentes, la línea de bajo constante, pero llegás al medio y bajás revoluciones. ¿Qué onda?

Así me sentía en ese momento, completamente. Me vi despojado de todo lo que hacía todos los días y eso me llevó. Esos mood swings que tiene la música es en lo que yo estaba. Me sentía así. La música suena a cómo yo me sentía en ese momento. Evidentemente, tan bien no me sentía (risas). 

Esa es una canción, de entrada, ‘alegre’, no de bajón. En esos altibajos, imagino, el mood era no tan arriba todo el tiempo. La canción no suena a eso.

Total. También hay una cosa… a mí me gusta la idea de la saudade. Una cosa melancólica. Me gusta mucho el contraste entre que la música sea muy upbeat, muy arriba, y que las letras, el mood sea terrible, lapidario. Siempre me gustó la música con esa combinación. Siento que es una forma de engañar al oído para escuchar otras cosas. A recibir mensajes que no, necesariamente, son los que estás esperando. ‘Yonqui’ es un buen ejemplo de eso. En el medio de la canción hay toda una sección que hace un build up para llegar a explotar, y la letra en ese momento, ‘si ya tenés tu dios, ¿por qué te trata así? Algo me dice que ya no querés seguir tratando de arreglar todo lo que estaba mal. Todo tu esfuerzo no sirve de nada’. Y vuelve a explotar el estribillo, súper arriba.

Hay algo en ese contraste, que me atrae mucho. Creo que es una constante en mi música, el contraste entre una cosa de una música más alegre, más uplifting y una letra que es horrible (risas).  

Lo que hacés con ‘Logos’ va por otro palo, completamente. Hay un mercado para ese mood, creo. Esa intro instrumental de 1:10 más o menos, con vocales espaciales así. Si esa hubiera sido la primera canción que escuchaba tuya, hubiera tenido otra impresión. Está para cerrar el set. 

Totalmente, sí. Hay algo de esa construcción que supera. Es azaroso. Yo también me encuentro mucho pensando, tratando de contextualizar lo que hago para saber cómo explicarlo.

Me es muy difícil porque, justamente, hay mucho de mi proceso creativo es completamente azaroso. No lo controlo, para nada. Simplemente, sale. Me tengo que quedar con eso porque es lo me sale.

Si yo intento, porque he intentado, hacer cosas de cierta manera, buscar ciertos sonidos, me frustro. No me sale. Me bloqueo. Es algo con lo que he dejado de luchar. Dejo que salga lo que salga y tengo que conformarme con eso. Sea lo que sea, eso es mi música. Nada más. 

¿No has pensado en jugar y ver hasta qué extremos podés llegar, hasta dónde podés reducir para hacer canciones de un minuto, minuto y medio? Solo para saber.

Sí, sí. De hecho, en los singles posteriores, hay una búsqueda. Una búsqueda que va, bastante, por ese lado de reducir, cada vez más, la instrumentación. Que sea cada vez más minimalista. Ahora estoy empezando a presentar mi primer disco de estudio, ‘ORDEN Y PROGRESO’, que, paradójicamente, lo vengo trabajando mucho más que el EP.

Son canciones que las vengo trabajando hace dos años, dos años y medio. Hay canciones más nuevas, pero es una recopilación, un corte de tiempo mucho más amplio. La instrumentación es mucho más clean, mucho más pop. Está más cerca de Miranda!TERREMOTO’ es el primer corte de ese disco. Sí es un sonido mucho más sintético, cerrado. Tiene menos instrumentos, menos carga sonora, menos samples. Es más concreto. Instrumentación más clásica.

Se dió de esa manera. Las canciones que compuse en ese periodo de tiempo salieron de esa manera y, por algún motivo, tardé más en registrarlas. A diferencia de ‘Domiciliaria’, que fue en home studio, este disco está producido en Estudio El Árbol, de Juan Stewart. A mi gusto, de los mejores productores de Argentina. Un tipo prolífico, genio.

Lo que se viene ahora, en Septiembre, con un par de adelantos antes, tiene un sonido más sintético y reducido. También encontrás lo que hice en el EP, súper abierto, ecléctico. Sí, por contraste, me empezó a picar esa búsqueda, ‘che, ¿qué pasa si hacemos más con menos?’ Menos instrumentos, menos duración, cosas más chiquitas. Sin duda, hay una búsqueda por ese lado.

Vi los créditos de ‘TERREMOTO’ y justo Juan Stewart a cargo de producción y mezcla. Increíble lo que hizo él con ‘ELETÉ’ de Lucía.

A Lucía la amo. El último disco de Lucía es alucinante. Ella me cae súper. Es otro gran trabajo de Juan en la producción. Va un poco por ese lado. 

Vi la versión de ‘Hechicera’ y es una locura. Esa distorsión en las vocales me parte la cabeza. Es una extensión de la idea, el poder ejecutar con esta herramienta.

Son sutilezas. Pero, también ver que, desde ese lugar, del juego, a veces siento que son cosas que solamente yo las veo. Estoy jugando, divirtiéndome, ‘¡ah, sí! Este efecto, pun, pun, pun’. Después, que eso se traduzca y lo puedas ver, que lo aprecies de otro lado. 

El remix de ‘El Mediodía’ para Telescopios me gusta porque agarrás un interludio y lo extendés con groove. ¿La elegiste vos? 

Lo elegí, sí. De hecho, lo que pasó con Telescopios es que son amigos. Sacaron ese disco de remixes. Me puse a ver qué temas no habían en el disco uno, pensando en que si sacaban otro… si agarro uno muy conocido o muy hitero, quizás no tenga las posibilidades de hacerlo. Les dije, ‘bueno muchachos, pásenme el tema que dura 21 segundos’. A partir de eso hice la canción, con un loop, para divertirme.

Con mis amigos jodo mucho con la idea de que mi estilo de producción es tipo, ‘producción Bart Simpson’. Como decir, ‘bueno, esto no está roto, lo rompemos’. Desde ese lugar del juego, hay muchas cosas que las hago, simplemente, por molestar. Me divierte. El remix de Telescopios me parece un buen ejemplo de eso.

Desde el juego siempre. Me pasa con ‘TERREMOTO’ que siento que está pensada en, ‘digamos que voy a hacer una canción pop. ¿Cómo puedo hacer una canción pop siendo yo?

Totalmente. Es 100% así. Esa canción partió del mismo lugar, súper espontáneo. De hecho, es la canción más vieja del disco. La compuse en diciembre del 2018. Una locura. Estaba en un romance muy narcótico. Esas relaciones que son muy intoxicantes, que estás confundido. En ese estado de locura, la canción bajó y salió de una.

Quedó ahí, descansando un tiempo. Grabándola, produciéndola y listo para sacarla, me di cuenta: tiene la estructura del pop clásico, ABC. Introducción, estrofa, estrofa, estribillo, estrofa, estrofa, estribillo, estribillo, final. Listo. Tres minutos. Cuadradito así. Perfecto. Por lo que sí, es my take en la instrumentación pop clásica. 

La materialización de la canción y el vídeo de ‘TERREMOTO’ me parece muy puntual. Inesperadas unas visuales así. La decisión del vestuario del personaje principal, vos interpretando al elenco. Quiero entender este vídeo treatment.  

Es lo mismo, viene todo del mismo lugar. Es una idea medio trickster. Otro concepto con el que jugamos mucho con mi equipo: las malas buenas ideas. El vídeo es un ejemplo perfecto. Con el guionista, Pedro Greco, que aparte me conoce desde el día nací. Es una persona con la que tengo un diálogo creativo estúpidamente fluido. Las ideas van y vienen muy rápido.Nos sentamos a pensar, y de repente, ‘che, ¿qué pasa si el vídeo son un montón de Fermines y hay un Fermín que los va matando a todos? Hacemos todo en pantalla verde’.

Ahí los chicos empezaron a tirar referencias. Lo llevamos todo a un lugar de delirio, a propósito. Hagámoslo lo más delirante posible, ‘che, ¿qué pasa si en algún momento me abduce un ovni?’ Ya es llevarlo al extremo. Visualmente, desde un lugar copado. Ahí es donde parece Noduermo, el director. Es un genio, amigo del alma, persona muy talentosa. Ahí también se articuló esa idea bizarra en algo atractivo. Ese era el desafío, que no se viera mal. Hacer que estas ideas ridículas se vean bien. Está bien la mala idea. 

El cameo del Fermín de ‘LUZ Y FUERZA’ me hizo sonreír. Es llevarlo al ridículo extremo. ¿Cuál es el límite?

Medio meta, sí. Me dá la sensación que, al menos en la música hispanoparlante… siento que mi generación, la tuya también, siento que ya es más amplio. Nos criamos con Internet, con un sentido del humor cada vez más meta, más bizarro, más metido dentro de su propio lenguaje. Creo que eso se ha filtrado muy poco en la música.

Particularmente, en la música pop, siento que hay una cosa muy solemne. De figuras dominantes, perfectas, hermosas. Eso me manda a dormir la siesta, me aburre muchísimo. Nadie es así.

Más allá de la construcción de un personaje, ¿ya cuántos años tuvimos de estrellas pop hermosas, perfectas, impecables, ganadoras? Yo no me siento así. Yo estoy lavando los platos, se me cae un vaso, lo rompo y me siento un estúpido. Eso también es parte de mí, parte de todos. La torpeza, la incomodidad son parte también. Tanto esta canción como lo que viene, las ideas van un poco por ese lado.

La construcción de personajes así, medio dandies, medio yonkis, pero que estén haciendo el ridículo. Que, claramente, no están en la mejor versión de sí mismos. En ese sentido, estoy muy influido por la comedia. El humor medio cringe, los trabajos de Ricky Gervais. Una serie de cosas que son extra musicales, que nutran al universo. En definitiva es eso. En ser tan personal mi música, tiene mucho que ver con mi forma de ver el mundo. No me tomo muy en serio a mí mismo, así que no voy a hacer vídeos muy en serio. De ninguna manera (risas). 

Still de ‘TERREMOTO’, el lead single de ‘ORDEN Y PROGRESO’, el nuevo álbum. Créditos: Juliana Grasso.
Vos sos ese personaje, y la audiencia lo toma así. Si te subís al escenario, se espera un performance de la naturaleza que planteás. Lo veo con LOUTA. Lo reconocés, y entendés a lo que vas. Tenés que poner atención.

Me parece una comparación muy generosa. Me gusta mucho lo que hace LOUTA. Además, me parece que él también tiene esta cosa de construir un personaje, que si bien es muy teatral, también es muy fiel a sí mismo. No es un chabón que después lo vas a ver abajo del escenario… por supuesto que es una persona, pero te dás cuenta que la construcción de su personaje tiene mucho que ver con su esencia, con su forma de ser. Eso me parece interesantísimo. ¿Cómo llevar el universo interno a esa magnificación en el trabajo de escenario? Hay mucho de eso.

Te lo crees, desde el principio. El público lo entiende. 

En un punto es confiar en uno mismo, confiar en el público.

Tiene mucho que ver con la tradición de la música pop. Se asume que al público hay que explicarle todo. La realidad es que no hay que explicarle nada. El público entiende.

En todo caso, lo que estás haciendo cuando elaborás una ideas y la presentás de forma auténtica es elegir a tu audiencia. Las personas que entiendan y se sientan llamadas por eso son las que realmente van a conectar con lo que estás haciendo. Prefiero tener un público más chico, pero de personas que conecten con lo que estoy haciendo y me den la libertad de hacer lo que yo sienta. Apostar eso en vez de buscar una audiencia enorme que, en el fondo, lo que yo tenga para proponer no le importe. Eso es gran parte la búsqueda, el no mentirle al público ni a mí mismo. 

‘LUZ Y FUERZA’ es una canción de estadio, creo que lo sabés. Es ese cierre con las palmas. ¿Cómo fue esa construcción? ¿Pensás las canciones en estribillos? ¿Cómo le ponés letra a algo?

Muchas veces del estribillo, sí. La mayoría de veces se me ocurren en la calle, ducha. Todo parte de ideas muy chiquitas. Esta partió del estribillo. No sé en dónde estaba, pero me cayó la melodía. Terminó teniendo un mood gigante. Partió más de la emoción cruda y lo que me hizo sentir. Más que una intención, que suene expansiva o lo que sea. De hecho, cuando la empecé a tocar en vivo, fue una sorpresa muy grande para mí porque es un punto muy fuerte del show. Sorpresa total.

Desde mi perspectiva, es un tema rarísimo. La instrumentación es rara, no tiene agudos. Está todo metido debajo de una capa de distorsión, filtros. No se va en ningún momento, es muy brumosa. Me sorprendió la reacción del público con este tema. Creo que es una forma de aprender quiénes son los que te escuchan, quiénes están del otro lado.

El show en vivo, en ese sentido, ayuda mucho. Publicás una canción, la tocás, y el feedback te dice cosas. Feeling the room. Hacés una lectura de lo que sucede al otro lado. Así como mi proceso es súper caótico, en un punto hasta muy caprichoso, tampoco puedo decir que no me importa si le gusta a la gente o no. No sé si me importa tanto que le guste a todo el mundo, pero sí me importa que le guste a la gente que me escucha. Ahí también  hay un equilibrio interesante, entre desafiarlos y al mismo tiempo complacerlos. Dar cosas que sean lindas, que tengan sentimiento, que se puedan llevar algo de esa canción para sus vidas. 

Ese tramo en silencio, con palmas, lo visualizo sin importar el venue. El pop resume muy bien porque te genera una empatía automática. Creo que para la audiencia es más fácil decir pop a algo alternativo. Si registrás tu disco en iTunes, ¿como lo clasificás?

Es imposible, imposible. Lo entiendo, sí. No digo que sea un dilema para mí, pero es una pared con la que me choco todo el tiempo. ¿Cada vez que me preguntan qué hago? Si te doy toda una explicación, te voy a matar del aburrimiento. Si te lo sintetizo mucho, te vas a decepcionar (risas). Creo que la única forma es escucharlo y ver qué te pasa, por dentro, con la música.

 ¿Cómo armás un press kit, press release entonces?

Por suerte, no lo armo yo (risas). No sabría hacerlo. 

¿Cómo lo conocés a Dillom? ‘Sauce’ ha sido más que bien recibido. 

Lo conozco a través de Noduermo. Son muy amigos. Poco tiempo después, empezamos a trabajar juntos. Además de ser músico y productor, trabajo en el Bohemian Groove. Soy A&R y Director de Producción Musical. Orgánicamente, eso también se fue trasladando hacia el estudio. Así terminamos trabajando esa canción.

Me encanta el resultado. Ahora estoy involucrado, junto a LAMADRID que produjo ‘LUZ Y FUERZA’ y Evar, que produjo ‘RUTA 2’, estamos produciendo el primer disco de Dillan. Sale a fin de año. El 27 de mayo sale OPA, el primer corte. Eso no solamente es una amistad muy linda, un vínculo de trabajo muy lindo sino que a mí, pero me cambió la vida trabajar con ellos.

‘RUTA 2’ fue fo-producida por EVAR. Arte por Fidel Skuller.

Yo venía de una escena más indie, más under, con otra lógica, otras formas. Trabajar este tipo de música, no solo trap, sino alternativo. Ellos no vienen tanto de la escuela del freestyle, más clásica del trap, donde sale la primera oleada. Son una nueva generación, tienen otras lógicas. En cuanto a la forma de trabajar, pensar, hacer la música, conectar con la audiencia, me han enseñado mucho.

Es muy nutritivo, sigo aprendiendo todos los días. En ese sentido, me siento muy afortunado de estar. Digo, más allá de la exposición, de los números, hay una cuestión energética ahí, de la energía que tienen ellos. Es muy contagiosa. No sé si se escucha tanto en el estilo, pero creo que en la energía hay algo que me han contagiado y me han cambiado la forma de hacer música.

Está buenísimo. Me siento muy cómodo, además. Me siento muy parte de la construcción de los artistas del sello, Bohemian Groove. Son mis amigos. Hablamos todos los días. Los admiro a todos. Me encanta lo que hacen. Es esa energía. Me ayudan mucho con mi proyecto. Se interesan. Eso ha sido bisagra para mí. Estoy agradecido.

¿Quién te enseña esto? ¿Cómo entrás siquiera?

Yo trabajo en sellos independientes desde que tengo 16 años. Es mi segunda pasión, después de hacer música. Me gusta hacer que las cosas pasen, desde muy chico. Crecí en un pueblo,  a150KM de la Ciudad de Buenos Aires, en Chascomús, el interior de la provincia. No había nada allá. No había sellos, ni lugares para tocar. Empecé a organizar mis primeros recitales, a los 15 años. Armando escenarios con cajones de cerveza y tablones de madera, cobrando entradas.

Al principio, perdiendo todo el dinero. Después, un poco menos. A partir de ahí, me vine a Buenos Aires. Empecé a hacer fiestas, festivales, a trabajar con una agencia. Al mismo tiempo, un sello con el que estaba en ese momento, empezó a crecer. Abarqué la parte de distribución digital. En el indie tuve mi sandbox. Ya me dejó con ciertos aprendizajes para después trabajar con los chicos en un plano más profesional.

El aprendizaje nunca se termina. Me gusta mucho aprender de las lógicas de otras personas, tanto las que me rodean como nuevas. Gran parte del trabajo es hablar con gente, preguntar. Sobre todo, preguntar. Creo que así fue aprendiendo el trabajo, orgánicamente, con los años. 

De 2015 a 2020. FERMIN formó parte de Tobny Houston, una banda desde Chascomús, provincia de Buenos Aires. Créditos: Trinidad González Sardi.
¿Te mirás en eso, un par de años más?

Yo creo que sí. La parte de producción musical está ocupando más tiempo, y eso me alegra mucho porque no hay nada que me guste más en el mundo que pasar en el estudio. Es lo que mejor hago, tanto con mi música como con la de otros. Realmente, creo que es mi verdadero talento. Songwriting, producción. Mientras tenga tiempo, yo encantado de hacerlo. 

Ya vivís de la música, a full. Qué locura. Esto que decís de que no había en Chascomús, Guatemala es esto. 

La herramienta de la autogestión es la llave que, forzosamente y con mucho sudor, sangre y lágrimas, termina destrabando las puertas. Así como yo estaba allá, sintiéndome perdido, que no tenía propósito en la vida porque no habían cosas que me interesaran… me sentía solo en el mundo. Cuando me moví a la Ciudad, descubrí que no. Sé que allá fuera está lleno de chicos y chicas así, que les pasa lo mismo.

A mí siempre me movió esa sensación. Creo que la música es una forma de sentirse menos solo. Soy muy fan de Babasónicos, de Dárgelos. Considero que es el mejor letrista de Argentina, por una distancia ridícula. Me fascina. Él tiene una idea. En las entrevistas de los últimos discos venía diciendo que la música, su música, es como un corno para llamar a la grey. Para llamar a las personas que realmente se sientan interpeladas por su mensaje, y que se unan en una misma masa.

Confío mucho en esa idea. Sueño mucho con que, en mis recitales, se conozcan amigos, parejas, formen bandas. Un poco, es la idea. Encontrarnos todos los parias, en un mismo lugar. Es importante que suceda, inclusive, con pocas herramientas, sin dinero, lo que sea. Para mí, lo primordial es que las cosas se hagan. Creo que es lo más importante. 

¿Qué estás escuchando?

Justo estoy en un momento muy bisagra, en ese sentido. Tengo una persona que me está mostrando una cantidad de música que ya ni sé qué escucho. Pero, mucho Blood Orange, me encanta lo que hace. Estuve fascinado con el último disco de C. Tangana. Me dejó mareadísimo. Cuando salió, lo escuché tres semanas sin parar. Lo voy a quemar, pensé. ¡Mentira! Lo sigo escuchando y me sigue pareciendo increíble. La magia no se fue a ningún lado.

Para mí, el disco de C. Tangana es una de esas raras ocasiones donde estás viendo, en tiempo real, que un disco es histórico. Es enorme. Es algo que está muy claro. Es icónico. Va a ser un disco muy importante con el tiempo. Vengo escuchando mucho Costas, una banda argentina, muy underground, que tiene las canciones más hermosas del mundo. Te recomiendo les escuches porque no tiene sentido. Es ridículo.

Cuando estás escuchando una canción ridícula y decís, ‘dale, ¿en serio? No puede ser’. Son amigos y están en un sello en donde antes trabajaba. No solo he aprendido mucho de ellos sino que tenemos mucho en común esto de la música hiperemocional. El núcleo es pura emoción. Es de esas bandas que, si las mostrás de forma insistente a todo el mundo, la gente te termina odiando, ‘basta, me encanta, pero me insistís tanto que lo odio’. Eso es Costas. El último disco se llama ‘Haiku’. Increíble. 

¿Qué hacés cuando no hacés música?

Esa pregunta me destruye. ¿Qué hago cuando no hago música? Me gusta mucho el cine. Me gusta mucho cocinar. La realidad es que no tengo hobbies, no los tengo. Es real. Si no estoy haciendo música, estoy escuchando música. Si no estoy escuchando música, estoy viendo una película. Trato de cuidar mucho lo vincular.

En general, el plano de lo romántico, afectivo, suele ser el lugar más de descanso de todo esto. Vivo con mis amigos con los que trabajo, trabajo con mi amigos. Todo es una gran cosa y ese suele ser el único espacio en donde suceden otras cosas. Mismo, la familia. Charly García dice que la música es una cárcel. Estoy bastante de acuerdo. Cuando lo vivís con bastante intensidad, y con tanta fuerza…

Para mí, la música es mi vida. Punto. No conozco otra forma de vivir, no conozco otra forma de ver el mundo. No hay nada que me importe más que eso. Doy la vida por eso.

Consecuentemente, me ocupa el 100% de mi tiempo. Siento que cualquier otra respuesta, de cualquier otra cosa, te diría que está vacía; me encantaría poder contarte, ‘además de hacer música, gano campeonatos de tenis. La rompo’. No pasa. Es lo único en lo que soy bueno, es la música. No sé poner un estante, no sé cambiar una rueda, no sé hacer nada. Solamente sé hacer música. 

Vos decís que no tenés hobbies. El mío es leer fichas técnicas en IMDB.  Me gusta que en tus vídeos vos pongás los créditos.

Es que eso es fundamental. ¡Es básico! Me cae mal cuando un artista no lo hace. Me enojo un poquito, pierde puntos. Vos vas, grabás un vídeo, pasás un día entero con gente que está trabajando para tu proyecto, entendés. Personas que están dando tiempo y energía de su vida por algo que es tuyo, que tiene tu nombre y cara. Inclusive, aunque hubiera muchísimo dinero de por medio, que no hay, obviamente (risas). Es el mínimo reconocimiento.

Pero, está bueno eso. Hay gente, como vos, allá afuera. Yo también soy así con la música. Está bueno que esté toda la información disponible porque ahí también, de alguna forma, te permite adentrarte un poco más. Generar esas conexiones. Decir, ‘este man trabajó en este disco y este, y después esto, se fue de viaje a ese lugar, hizo esto’. Vas construyendo en tiempo real; después, cuando la historia se desenvuelve y las cosas siguen pasando, es lindo poder ver el recorrido de esos actores que no son solamente la cara visible. Son partes importantísimas de lo que sucede. Si no ponés los créditos, me caés mal (risas). 

Vos eras de los niños que agarraban el booklet y buscaban créditos.

Por supuesto. Las letras y los samples. Ahora, me pasé a Tidal. Tidal tiene una ventanita en donde podés ver los créditos. El mixing engineer, master engineer. Está completo, es fascinante. Tengo un amigo que es tan freak, con la producción musical, que adivina quién mezcló el disco. Lo hicimos anoche y adivinó a tres mixers. Yo le decía, ‘bro, no entiendo cómo hacés, cómo escuchás el trabajo de una persona’. Es ridículo. Pero, bueno, existimos.

Los que leemos los créditos, existimos. Ese es el público al que yo quiero apelar. Gente como vos, que está atenta. Ahí hay un montón de meta data que es interesante. En ese sentido, quizás por eso tardo tanto en sacar música. Soy muy cuidadoso en esas cuestiones. Me interesa, muchísimo, la integridad del relato. Tengo muchas ganas, cuando sea más viejito y mire para atrás todo lo que hice, que se vea como un cuerpo consistente.

Que las ideas se sostengan a lo largo del tiempo. Mi música, en definitiva, más allá de si es abstracta o creativa, es un registro de un tiempo y un lugar. Es una foto. En esa foto están todas esas personas que son importantísimas. Como son mis amigos y la gente que amo, son las que quiero que aparezcan.

Si estás enfrente de una puerta, tocás el timbre, ¿quién te abre?

Yo creo que, en este momento, LAMADRID. Productor de ‘LUZ Y FUERZA’, con quien estamos haciendo el disco de DILLOM. Es la primera que se me viene a la mente para casi todo. Creo que es de las más talentosas que conozco. Está construyendo una carrera increíble, está haciendo una música increíble. Está haciendo música fantástica. Recurro para todo. 

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Martha Elisa Estrada Cortez

One thought on “Estructuras, Capas, Yuxtaposiciones Y Pop Con FERMIN

  1. Hola Martha Elisa, voy a necesitar una interview!!! Felicidades por tu site…estuve leyéndolo!!!

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