Entrevistas

Mario Segade y la particularidad de lo cotidiano

De cómo Argentina me sigue sorprendiendo, entre otros pensamientos. La ficción argentina, para ser más concreta con el pensamiento. En Guatemala, tenemos una desconexión con el contenido creado allá. Con excepción de los productos de Cris Morena, poco se sabe de las películas, telenovelas, unitarios, mini series que han salido. No hay PR aquí. Quiero que cont.ar libere la geolocalización que tienen para poder ponerme al día. ¿A quién le hablo para que esto cambie?

Haciendo un recuento del contenido que he consumido en los últimos meses, estoy en esta etapa de mi vida en donde busco algo audiovisual que me obligue a estar presente. No importa el formato en que se presente. Hace poco terminé ‘Vidas Robadas‘ una telenovela que me hizo replantear el prejucio que tenía respecto al género. Naturalmente, tuve que escribir al respecto.

De una manera consciente, trato de diseccionar producciones que generaron conversación. Me refiero, que marcaron un antes y después en cuanto a la manera de abordar temas latentes en ese momento. En esta búsqueda, inevitablemente, llegué a ‘Vulnerables‘. Sí, no podía evitar llegar a este unitario. No uso la palabra a la ligera. Los elementos están ahí. 22 años después de su emisión original, esta serie se sostiene.

Una ejecución prolífica. Lo tomé como un ejercicio muy puntual. Es posible contar una historia envolvente sin recurrir a un presupuesto exorbitante.  La intensidad en el relato como hilo conductor.  No he visto algo así, en ningún lugar. Es el tono. Es la temática. Es el conjunto de las partes. El personaje manda.

¿Terapia grupal como punto de encuentro? Conforme avanzaban los capítulos, mi asombro crecía. No paro de hablar de este show con gente que no me entiende. La complejidad que se presenta, con personas comunes y corrientes, es tan importante. Se buscó llevar a luz algo tangible, en un cambio de década, por si fuera poco. No imagino cómo se pudo haber vivido la emisión de este programa en esos años, no imagino cómo se platicó de esto en el día a día. Sigo sin creer que hayan decidido crear algo tan serio, tan profundo, tan real, tan adelantado a su tiempo. Mejor dicho, que algún canal diera el aval para contar historias así en horario estelar.

Por lo poco que he leído, la terapia es parte del diario vivir en Argentina. No importa el estrato social, la terapia es una posibilidad. La conversación está abierta para quien quiera, no necesariamente para alguien pudiente. ¿Aquí? Aquí quien no tiene tiene los recursos económicos no tiene cómo cuestionarse siquiera. Es como si la posibilidad de introspección se borrara del panorama. Hay problemas más importantes que resolver.

Ahora entiendo el porqué de la atracción del espectador hacia esta serie. Es como si hubieran buscado un sentido de identificación en los personajes presentados. La serie introdujo situaciones formidables. ¿Una mujer con poca capacidad de entender la adultez, que se hacía pis en cualquier momento, con una madre manipuladora y un triángulo amoroso inesperado? ¿Un hijo de millonarios adicto a las sustancias, con problemas de validación y abandono de parte de ambos padres? ¿Un terapeuta con una relación marital complicada, que tenía una repulsión por los hábitos alimenticios de su hijo? Claramente, una serie adelantada a su tiempo.

Vulnerables‘ cambió la manera de abordar los problemas que cualquiera puede tener. Abrió la puerta a una exploración del psique, en ficción. Lo cotidiano no tiene por qué darse por sentado. La cantidad de nominaciones y premios que acumuló en el transcurso de su emisión respalda lo que intento decir.

Es así como llegué a Mario Segade, uno de los guionistas de este premiado unitario. El aclamado autor, guionista, dramaturgo y director es una de las figuras argentinas más importantes de los últimos años. Ha sido parte de producciones que cambiaron la manera en que se entiende la ficción. Los Martín Fierro ganados algo de peso tienen que tener.  

Él escribe de lo que te gusta, no lo que se supone que se tiene que escribir. Entiende que tiene que haber un equilibrio. Claramente, su currículo precede. No se repite. A pesar de la cantidad de éxitos comerciales de los que ha sido parte fundamental, él no le apuesta a algo que ya funcionó. Al contrario. Está todo en la observación. Está todo en la habilidad que tiene de plasmar esto que percibe en libretos. Su último trabajo, ‘La Caída‘ es una muestra de esto. De las series más densas que he visto, y sí, eso es un complemento. No puedo esperar por la segunda temporada.  

Platicamos de los inicios de su carrera, las libertades que podían tomar en esos años, cómo la creación de contenido ha cambiado, la demanda del público por temáticas fuertes, la terapia como dispositivo narrativo, ese casting, las plataformas, la dinámica al trabajar con ellas y qué le emociona hoy en día.

Veo que, en el transcurso de los años, venís trabajando con muchas de las mismas personas. Obviamente, la dupla con Gustavo Belatti en guión, la dirección a cargo de Daniel Barone, Adrián Suar en producción es algo que no tiene precedente. Sin duda hubo sintonía, complicidad. ¿Cómo llegaron a esto? ¿Fue el canal el que ayudó a mantener estas relaciones? ¿Había un contrato de por medio con Pol-ka?

Por qué funcionó como funcionó también es una pregunta que yo me sigo haciendo. Remontándonos en el tiempo, incluso ‘Verdad consecuencia’ que fue lo primero que hicimos juntos, este cuarteto que nombrás, casi no nos conocíamos de antes, ninguno. Yo lo conozco a Adrián por un proyecto de un largometraje. En ese momento, yo trabajaba para una productora y él buscaba un guionista. Me conoció y empecé a diseñar ese perfil de largometraje, solo. Un día me viene con la noticia si yo quisiera escribir televisión, una idea que él estaba pensando.

Yo tampoco mostraba demasiado interés, en ese momento, pero me gustaba escribir. ‘Me gustaría que la escribas con Gustavo Belattti, ¿lo conocés?’ Yo lo conocía de nombre porque es actor y había protagonizado una película muy exitosa aquí, a principio de los 80s. Nos presentó para el trabajo puntual, de esa serie. Luego apareció Barone como director. En la serie anterior que había hecho Suar, ‘Poliladron’, Barone era continuista. Así empezamos. Estuvimos tres años con esa serie, ‘Verdad consecuencia’. En el medio hubo un largometraje juntos, y luego ‘Vulnerables’. 

Todo lo que mencionás, pasó. El canal apoyaba, Suar apoyaba mucho. Fue un productor muy activo, con mucho empuje. Eran otros tiempos, los 90s. Aquí, en Argentina, eran las primeras producciones independientes. Éramos todos muy jovencitos, con muchas ganas. Eso, y no había streaming, no habían plataformas. Era de ponerse la camiseta y vamos. Ese ímpetu, ese poco filtro, inclusive ‘Vulnerables,’ eran programas de pasión. Escribir apasionadamente, producirlo, dirigirlo así.

Yo añoro mucho de eso. Cuando veo hoy la pantalla, las plataformas, veo que algo de eso, en pos de la industria. La influencia buena, por supuesto, de las plataformas también tiene su costado negativo. Tiene que ver con, ‘hay que hacer’. En el ‘hay que hacer’ a cualquier costo, se invierte. Hay algo que empieza a no suceder. Las plataformas son compañías muy poderosas que dominan el mercado. Los creadores quedamos rehenes a esas necesidades de producto. Ya somos creadores de otro estilo. Yo convivo con eso, no tengo problema. Añorar, no digo que todo tiempo pasado fue mejor; hay algo de esa televisión, que cuando yo recuerdo y veo en plataformas una serie o tal, que tenga algo de ese perfume que a mí me gusta como escritor, lo celebro. 

En ese entonces, ¿quién estaba a cargo del casting? ¿El canal? 

Ni siquiera el canal, era Pol-Ka como productora. En ese momento, Pol-Ka era muy pequeña, estaba empezando. Era todo muy artesanal. Lo que pasa que Adrián siempre tuvo una mirada muy interesante, singular sobre el casting. Por ejemplo, en ‘Vulnerables’, Alfredo Casero, en ese momento, su participación era de un actor cómico; con mucho público, pero en una franja muy marginal. Él lo convierte en ese actor increíble que has visto en ‘Vulnerables’. Vio algo de eso.

Cuando dijo Alfredo Casero, recuerdo que todos dijimos ‘¿cómo? ¿Es actor?’ Tenía eso él, y combinaba esas energías de un modo muy genial. Por eso es el productor que es. Con lo cual, la mayoría de veces, por nuestro lado recibía el no. Él creía mucho en su intuición y lo que veía, que era imposible de comunicar. El casting era Pol-Ka, Adrián y nosotros participábamos en opinar, pero su decisión prevalecía.

¿Escribís con el elenco en mente? ¿Soñás con el intérprete y tomás sus particularidades para ir creando?

Ya no porque hay tantos y no sabés para dónde va a ser la serie que estás escribiendo. No sabés si la va a interpretar un guatemalteco, mexicano, argentino. Mejor no enamorarse de nadie, salvo que sea un producto distinto. Cuando hago una película, que escribo por mi cuenta con ganas de producirla, de llevarla adelante, ahí sí. Pienso en alguna actriz, actor, que hasta luego me acerco y le digo, ‘la escribí para ti, leela, pensala, mirá si te parece’. Las series que estamos trabajando hoy, básicamente todos, son para las plataformas. La televisión abierta casi en muerte, es muy difícil pensar en tal o cuál. Salvo que el productor te diga, me ha pasado, ‘esta puede ser para tal’, entonces más o menos, con esa idea salís para la construcción del personaje. 

Entiendo que a ti te interesa crear personajes y que a partir de ahí, todas las demás piezas encajan solas. ¿De dónde sale esto? ¿Qué te hizo tener este enfoque? ¿Algún modelo particular a seguir? 

Sí, no sé bien de dónde, pero siempre ha sido así. Para mí, el personaje es el todo. Me gustan, por eso soy enamorado de ese tipo de cine, Scorsese, Woody Allen, en donde la trama es importante, por supuesto, pero la llevan adelante estos personajes. Creo que los que ven series, finalmente lo que seguimos son personajes. Las historias, obviamente, pero si no tienen el peso de un personaje hacia delante, terminan siendo caricaturas. Terminan siendo productos puramente pasajeros, de pasatiempo.

No está mal, pero a mí me interesa la construcción de personajes. Si alguna cosa hemos llevado bien con Belatti es esto de quitarle esta entidad al villano, villana, en las series, en las novelas también. ‘Resistiré’ fue muy característica porque el villano tenía una arista muy seductora hacia el público y la gente se volvía loca porque lo amaba. El villano era muy atractivo, era un personaje que tenía una causa. Equivocada o no, no es que tomaba partido, pero nosotros mostramos su herida, dolor, el porqué era un villano. Generalmente, venimos de una cultura en donde el bueno es muy bueno, más en las telenovelas, el malo muy malo. Alterar esa ecuación, me parece que siempre sigue siendo un desafío. 

2004. Elenco de ‘Resistiré’ recibiendo el Martín Fierro de Oro. Créditos: INFOBAE
No seguir el arquetipo que implica el género.

Exacto. Al menos, conocer el arquetipo y poder buscar nuevas lecturas. También saber la función de cada uno. Hay personajes que tienen un rol, y solamente es un rol. Es así en la construcción audiovisual. Yo creo en eso. Creo que hay personajes más complejos, que orbitan al resto de los demás. 

‘Verdad consecuencia’ fue un comienzo más que bueno. 3 años al aire no es cualquier cosa. En YouTube lo presentan como unitario, pero 132 capítulos tiene que tener otro nombre. 

Íbamos una vez por semana, así que sí es un unitario. Hoy sería una telenovela.  

Leo que fue un antes y después porque abrió las puertas a una nueva narrativa. 

Totalmente. Hasta ese momento, años 1996, los programas ‘juveniles’ eran en el horario de la tarde. El conflicto más fuerte era ‘mi mamá no me deja salir con mi novio hoy, me quedo llorando y no voy a ir a comer’. ‘Verdad consecuencia’, en esta lógica que te dije de Suar, Canal 13, nos permitimos hablar de una pareja gay, cuando acá era una locura. ¿Un beso de una pareja homosexual? La gente amó eso porque era la demanda, si era algo que pasaba en la calle. Esto es lo que tomó ese show.

¿Amigos que se conocían desde muy pequeños y se llevaban pésimo la mayoría del tiempo? Esto es algo que pasa en la vida. Me parece que el verosímil ahí funcionó muy bien, y acostumbrados a unos productos juveniles que era muy lavado todo. Hicimos cualquier cosa. Fue un ensayo de laboratorio muy genial. Un programa que, bueno, pasaron muchísimos años, pero hay que verlo con esos ojos. A los ojos de hoy, tal vez un programa naive; en esa época, con el contexto argentino, muy singular, en donde estábamos en pleno gobierno menemista, el año 2000 era algo que se venía y no sabíamos qué significaba. Muchas cosas influenciaron. 

Me refiero a temas mucho más reales, crudos, personajes tridimensionales para esa narrativa.  ¿Crees que sin esto no se hubiera podido hacer ‘Vulnerables’?

No lo sé. Creo que en ese momento, Pol-Ka era una productora exitosa, había hecho dos series exitosas. ‘Vulnerables’ vino a seguir esta línea. Ya con Belatti éramos los autores que hacíamos este tipo de programas. 

Se decide hacer un unitario, una decisión acertada. No puedo creer que haya sido tan adelantado a su tiempo. En asombro, todavía, por lo fuerte del conjunto de elementos. 

¿Cómo es el tema del psicoanálisis en Guatemala? ¿La gente sí va? 

Sí, pero sigue siendo un tabú. La gente joven, en redes, abiertamente comparte memes de ‘mi psicólogo tal’, pero para la generación de mis papas, es otra la conversación.

Los locos van al psicólogo, claro.

¿Si puedo resumir ‘Vulnerables’ en una línea? Muy denso todo. No sé cómo explicarlo mejor. 

Sí, sí, sí. Era un momento de demanda de esa espesura. 

Eso quería saber yo. En ese entonces, ¿qué tanto tanteaban, cómo sabían que por ahí iba? El tono, inclusive.

Nosotros escribíamos muy cerca de lo que iba saliendo al aire, en ese momento. Estábamos escribiendo un mes y medio antes de lo que se veía. No había redes sociales, entonces esa referencia no la tenías. Sí había una referencia social, de cada uno de nosotros. Yo iba a algún lugar, y como no me conocían, no me asociaban. Pero, cuando iba a un cumpleaños, había gente que no me conocía, pero alguien le decía ‘aquél que está allá es el que escribe ‘Vulnerables’’ y se venían de pronto. Era muy genial lo que pasaba.

La gente los tomaba como seres reales, que existían. Me llegaban a decir, ‘¡no puede ser que tal personaje haya dicho esto porque ella antes le había dicho..!Me hacían responsable. Eso es genial. Tuvimos mucha prensa, los premios igual. Empezó a suceder algo muy singular. Te dabas cuenta que ibas bien, que habían cosas que llamaban la atención y despertaban interés. A mí me encantaba eso. Hoy ya no pasa, hoy está todo en la red social. Ponemos cualquier cosa. Era muy hermoso. Cuando iba bien, fantástico, cuando iba mal, no tanto (risas). 

La complejidad en la temática es algo muy difícil de amarrar, desarrollar. Terapia grupal. Y ahí, con esa simple línea, empieza la tensión. Tuvo que haber sido un pitch memorable para que les permitieran hablar de tantos temas complicados. 

Eso fue también una de Adrián, que dijo ‘hagamos un programa de terapia, terapia de grupo’. Y lo miramos con Belatti, me acuerdo, como diciendo ‘está loco, es lo más aburrido que puede haber. ¿Gente hablando de problemas? La televisión es acción’. Eso lo pensamos antes. Pero, vuelvo al inicio. Creo que supimos que teníamos un buen dispositivo narrativo: la terapia. Ahí algo tenía que pasar. Finalmente era un show, estábamos en un canal comercial que compite con otros canales y que le tiene que ganar. También es eso, necesitás de personajes muy atractivos, con conflictos; en ese caso, eran muchos conflictos muy densos. 

La herida vieja que se animaban a mostrar en la sesión era tipo, ‘mi hermano me enterró vivo, mi mamá abusó de mí’. Nada era livianito. El personaje de Alfredo Alcón, cuando vino diciendo que había matado al hijo. Unas cosas truculentas, todas. Igual, había un grado de identificación muy fuerte. Pasa hoy. A veces, muy de tanto en tanto, se me cruza una escena y la miro, y realmente había otro tiempo para contar. No es que digo que nos han copiado, pero han aparecido muchos programas de terapia. 

Es lógico, la terapia se presta para generar conflicto. Llevar esa introspección al público, el abrir la conversación a la necesidad que existe por hacer terapia, es algo que ustedes hicieron muy bien. Entiendo que el argentino sí está abierto a esto, no lo ve como algo atípico.

Todos, en algún momento, hemos pasado por terapia. Tengo un hijo, que ahora tiene 14 años, de los cuales la mitad de su vida estuvo en terapia. Es un chico que va a la escuela, no es que tenga una patología de base. Mi hija tiene 19 y tiene su terapeuta. Es como la llave de la casa, en algunos casos. Además, las obras sociales cubren. Si vos sos empleado administrativo del Estado, lo que fuere, tenés acceso a un psicoanalista y no pagás.

Mi seguro no cubre terapia.

Lo sé. Estuve trabajando mucho en España, en donde quise llevar ‘Vulnerables’, y también ocurre una cosa singular. Me decían, ‘acá, al psicólogo van los locos’. La gente normal, lo que creíamos que era normal, antes de la pandemia, no va a terapia. Somos más negadores. Pero, hay algo que pasa y es que en Argentina, singularmente, el psicoanálisis tuvo un arraigo que en otras partes del mundo no hay. Nos parecemos más a los franceses ahí. No sé de dónde viene esto. Es fuerte. Creo que los 60s pegaron muy fuerte aquí, con el Nouvelle Vague y esa influencia, los movimientos revolucionarios, tuvieron un arraigo. En Brasil también pasa, el psicoanálisis, salvo en Sao Paulo, sí. Todo es como tú dices, no lo cuento mucho. Acá no, acá es ‘no sabés lo que me dijo el psicólogo’. Todo el mundo comparte (risas).  

¿Cómo fue esa pre-producción? ¿Cómo fue encontrar el lenguaje correcto para contar estas historias? 

En el caso nuestro, Belatti era paciente de terapia de grupo, de muchísimos años. Con lo cuál, había algo de una dinámica de terapia grupal que él la conocía. Yo, nunca en la vida, había pasado ni cerca de una terapia así. Y casi ni individual, en ese momento. Era muy jovencito. Luego, muchas entrevistas con psicólogos de grupo. Hicimos todo un trabajo de entrevistas.

Terapia grupal como generador de conflicto. El primer capítulo fue emitido en abril de 1999. Se emitieron 77 del unitario. Créditos: mundolatino.ru

Teníamos un psicólogo con quien consultábamos, no que consultábamos, pero nosotros también necesitábamos un dispositivo del show. Esto que te decía, que sucediera algo. Vos confesabas, ‘no quiero más a mi novio, lo quiero dejar y no sé cómo hacerlo’. Teníamos ese conflicto y por ahí consultábamos al terapeuta, ‘¿qué dice la clínica psicoanalítica? ¿Cómo puede reaccionar un personaje?’ El tipo tiraba dos o tres opciones de las que en la bolsa de conflictos estaban. Por ahí puede ser una persona que no sabe cómo hacer para finalizar una ruptura amorosa se aferre a esa relación aún más y por ejemplo, queda embarazada. Una reacción por el contrario. Eso es interesante, pensábamos. A un estímulo, que vos como espectador sabés que va en una dirección, ‘quiero dejar a mi pareja, y terminó embarazada’, me parecía interesante. Ahí ya ves que hay algo. Hicimos muchas opciones así. Ir en contra de la corriente.  

¿Qué consideraciones tuvieron para crear este universo? ¿Qué línea no podían cruzar? 

¿Vos decís como límites narrativos? El bueno gusto, de algún modo. No nos íbamos a meter con temas de niños, abusos infantiles, eso no. Nos parecía que ‘Vulnerables’ planteaba un océano tan posible en cosas tan habituales. Me parece que este fue un rasgo interesante. Si bien los hemos tocado, no necesitábamos ir a lugares tan truculentos. Me viene a la memoria el personaje que tenía a un hermano cura, interpretados por María Leal y Mario Pasik. Un día ella confiesa que el hermano la obligaba a que lo masturbe.

¿Hoy? No lo podrías hacer. Hoy, 2021, no. Sin embargo, ahí pasó. No hicimos la escena, pero la contó con lujo de detalles: en la iglesia, le llamó y la encerró en la sacristía. Se sacaba la sotana y la obligaba a que ella lo masturbara. Había una libertad que nos tomábamos, había esa demanda también. No sé si hoy haría eso, inclusive.

¿La profanidad aquí? De las mejores expresiones que he escuchado en televisión. La riqueza en los insultos, no sé cómo les permitieron esto, en ese entonces.

Era increíble. No hicimos nada. ¡Era genial! Teníamos libertad absoluta. A lo sumo te decían, ‘che, insultan mucho los personajes’. Eso era lo máximo que recibíamos. A lo mejor íbamos a una reunión, a alguna fiesta institucional que hacía el canal para el lanzamiento de la programación, y cuando venía el director artístico del canal te miraba con cara de ‘¿qué están haciendo?’ Pero, a la vez, le iba tan bien al programa, nivel audiencia, nivel comercial. Estaban todos muy contentos, recaudaban dinero. El negocio, encima, funcionaba. No es que era un negocio marginal de 4 locos. Era primetime.  

Hace 22 años no se podía expresar así, tan libremente, en ese horario. No entiendo cómo les dieron el ok.

Ahora que lo decís, ni yo. 

Los voiceovers en la primera temporada también abrió otra posibilidad a la exploración del psique de cada personaje. Esto se deja de tomar, en el transcurso de cada capítulos. A lo mejor porque ya entendíamos mejor quién era cada quién. ¿Qué ajustes fueron haciendo, comparado a los primeros borradores de la serie?

Se iban cambiando algunas cosas porque teníamos esta cercanía con lo que veíamos del capítulo terminado. Por ahí decíamos, ‘che, habíamos pensado este camino, pero mirá, nos está dando la imagen de lo que sucede con dos personajes, hay cierta química, exploremos un poco ese vínculo’. Íbamos un poco para allá. ‘Mirá este personaje, creemos este conflicto para que opere’. Era un trabajo constante. El mundo Dominicci, todo ese triángulo apareció. Si Dominicci no hubiera sido Dominicci, el actor que dio ese tipo físico, esa mirada, quizás la historia no hubiera existido. Nosotros recogíamos mucho del aire. Hoy, imposible. Tenés que escribir los 8-10 episodios cerrados, terminados y luego se van a producción.

En ese momento, compartíamos la realización con lo que se iba haciendo. Aparecían esas perlas. El caso Dominicci es ilustrativo porque fue una de las historias que más pegó y que tuvo que ver con esto. Un día la madre, nuestro personaje, interpretado por Eleonor Manso, era una señora que tomaba muchas pastillas. Nada más. Un día hicimos una historia con un farmacéutico y podía haber terminado ahí. Sin embargo, había mucha riqueza, ese color, eso que desprendía que hicimos toda esa locura con esos tres (risas). Lo que sufría esa chica.

¿Cómo, siquiera, se puede pensar en un storyline así? Tiene que estar basado en un caso de la vida real. Alguien lo contó en alguna fiesta y ahí fue.

A veces la realidad no tiene estructura de fic, elción. La realidad no es buena para llevar a ficción. Hay algo de, el mito de ‘es amante de la madre y de la hija’ existe. Desde el imperio romano para acá, lo hemos escuchado. Es un mito y como tal, ahí lo abordamos. De una manera casi de tragicomedia, era para hacer una película de Arturo Ripstein. Tenía ese tono del buen cine mexicano, esa cosa dura, sangrienta y que la muerte está a la vuelta de la esquina. Eso tenía ese triángulo. Cualquiera podía agarrar un puñal y hacía una carnicería. Eso es muy atractivo. 

Por ser unitario, tenían 13 episodios iniciales, pero les fue tan bien que les extendieron el número. ¿Fue así? 

Esa fue otra genialidad de esos tiempos. Ibas todo el año. Sabías que era muy difícil que te fuera, la exigencia no era tan grande. Sabías que ibas a estar una temporada, al menos. Tuvimos dos. 

‘Vulnerables fue editado en DVD. En ese momento, si te editaban en ese formato, algo estaba pasando‘. Créditos: mundolatino.ru
¿Qué tan difícil fue hacer el layout de la primera temporada?  Viendo reacciones, ¿ya sabían cómo ir atando los acabos?

Te mentiría si te digo que sí. Había una idea, ‘esto guardemos para cinco capítulos antes del final porque nos permite esto para el desenlace’. Pero, había que llegar ahí. Entonces, en el medio tenías que seguir alimentando de conflictos. Venía Suar y nos decía, ‘che, traigo 13 capítulos a Alfredo Alcón’. Tuvimos muy buenos invitados. Alfredo fue el caso más paradigmático. El mejor actor de la historia argentina estuvo con nosotros tres meses, con un personaje adorable. Para mí, lo mejor que hizo en su historia en la televisión. Entonces, eso también revitalizaba el programa. Teníamos ideas muy en general, de algunos más que otros. Algunos personajes nos costaron mucho, no vayas a creer que fue todo genial. Había que estar trabajando permanentemente.  

Elenco principal de la segunda temporada. Izquierda a derecha: Jorge Marrale, Damián de Santo, Soledad Villamil, Alfredo Alcón, Alfredo Casero e Inés Estévez. Créditos: mundolatino.ru
¿Cómo decidían ir armando las historias, por episodio, para que tuviéramos una mejor perspectiva de cada personaje? No abarcar a todos los personajes en uno solo sino que dar ese espacio a dos o tres, y de ahí llevarnos.

La decisión, arbitraria. Hoy le toca a María Leal y Mario Pasik, mañana a Juan Carlos Galván y Sandra Mihanovich, la semana que viene a tal, y así. La vuelta que viene era larga porque, como actor, te tocada solo la terapia, en un capítulo. Absolutamente arbitrario. Lo que pasa, además, es que habían personajes que, el caso de Inés Estévez era muy requerido. La gente se volvía loca con esa historia. Con Alfredo Casero, lo mismo, incluso con el terapeuta, interpretado por Jorge Marrale.

Creo que ese fue otro hallazgo del programa. Nosotros nos permitimos entrar en la vida privada del terapeuta. En el capítulo dos, él tiene una escena sumamente agresiva con su hijo. Eso era ‘Vulnerables’. Poder ver la cara y la seca del mismo personaje, nada menos que del terapeuta, donde uno confía su salud mental. Veías que él hostigaba a su hijo adolescente, al que acusaba de obeso porque iba a la heladera a comer un poco de jamón. Se volvía loco (risas). Marrale estaba estupendo. ¡Se volvía loco! Me acuerdo esa escena, empieza muy delicado, ‘Lucas, por favor no comas ahora, vamos a cenar en un rato. ¡Pero, por favor!’ A gritos, una violencia. La gente quedó muy conmovida. En la escena siguiente era él con una calma, como debe ser, un poco también. Los terapeutas tienen una vida. 

Fue esa humanización de todo. 

Sí, un tipo de humanización porque acentuábamos las zonas más oscuras. Poca luminosidad. Estaba el fotógrafo de cadáveres, que estaba de novio con la policía y tenía miedo de que un día lo fuera a matar. Eran un poco disparatadas, por momentos. Funcionaba.

¿Qué tanto se le adelantó al elenco acerca de los arcos y la resolución, incluso de la segunda temporada? 

Cuando teníamos que comunicarles algo, nada más. Muchas veces actuaban en el desconocimiento total. Si venía un capítulo en donde el personaje iba a tener algo, le llamábamos nos reuníamos y contábamos un poco hacia adelante, hacia dónde íbamos a ir. Muchas veces sucedía al revés, llamaban para preguntar qué pasaba. Nosotros, básicamente, no estábamos en los rodajes. No podías escribir y estar en filmación. No existe eso, salvo que sea que no trabajas.

El día no te alcanza para escribir esas 50 páginas, buscar nuevos conflictos. ¿Cómo hacés para ir a visitar? En algún momento marginal o en el fin de semana, un momento especial en donde justo entregaste el capítulo y tenés un día para pensar. Ese día sí lo usábamos para hablar con ellos, ir al rodaje. En ese momento, escribís seis, ya con eso empezaban a grabar. Por ahí cuando salían al aire, tenías escritos ya 10, pero también reescribías. Yo ya hace rato que entrego las temporadas terminadas. No sé quién las va a hacer ni nada. 

No dá chance a reescribir, entonces. No te pueden hacer anotaciones.

No, nada más en el durante, en el proceso de escritura. Hay una especie de comité de las plataformas que tiene la gente de desarrollo, con quienes compartís un poco cómo va la pieza. En un momento es, ‘listo, se cerró acá’. Yo terminé una serie, la terminé de escribir hace un año, y todavía no está en pre-producción. La van a hacer en algún momento, calculo. Es un policial. Yo ya terminé, ya están los 10 capítulos. Cuando la graben, no me van a consultar nada, la van a grabar así.

¿Cuál es el punto de trabajarlo así? Quien escribe puede generar un aporte durante el proceso de grabación.

Es lo que te decía, también hay algo de este sector de la industria donde lo que necesitan son productos. No necesitan opiniones artísticas post. Los procesos tienen una apertura y cierre. Una vez se cerró, se cerró. Incluso, para mí como creador, ya está cerrado. Es muy intenso ese periodo de tiempo. La escritura de esos 10 capítulos, a veces lleva un año de trabajo. Vos calculá esto que te estoy diciendo, ‘Vulnerables’ eran 40 una temporada y nosotros lo hacíamos durante el año. Hoy, 10 capítulos, te tardás un año.

Las condiciones de mercado son distintas.

Las condiciones de trabajo son distintas, todo es distinto. Lo que ves en plataformas, sobretodo, ya está escrito hace tiempo. A lo sumo, pueden estar escribiendo otra temporada. Eso sí pasa. Estás escribiendo la temporada dos y está al aire la primera. 

El casting aquí fue algo descomunal. ¿Lo que hizo Inés Estévez? Brutal. Fue esa manera de interpretar esa ingenuidad, la mirada, la fisicalidad de las inseguridades generadas por su entorno, y el crecimiento que se tiene después de entender en dónde estaba. Es muy fuerte lo que tiene que vivir ella. ¿Leonor Manso, como su madre, jugando a esa doble moral, culpa?

Con Leonor tengo una amistad de muchos años, la adoro. Es una persona bellísima, le encantaba el personaje. Ella es tan distinta al personaje. Un día, en grabación, discutiendo con la hija, agarra y se le rompió la cabecita a la virgen. Quedó la virgen descabezada, y nos moríamos de risa. Ella le rezaba a la virgen descabezada. Creamos todo un culto de la virgen descabezada, a partir de un accidente. Esto se permitía al estar ahí. Los nombres de los medicamentos eran inventados, absolutamente. Las cosas desopilantes.

Es ese humor negro que a mí me encanta, me fascina. Cosas muy bizarras. Me acuerdo, un día la hija se hizo pis en el living y ella gritándole, se sacó la bombacha y empezó a trapear con eso. Unas cosas que vos decís, ‘pero, estos están todos de internación’. Sí lo estaban.

Había un grado de identificación, igual. Lo mirabas y no te alejabas tanto de eso. Es posible ese universo.

No me llega directamente, pero por ahí hay algo del vínculo de agresividad, madre-hija, que a mí me cuenta un poco, me remite. Había algo en todas las historias. El vínculo madre-hija, entre hermanos. Las madres tuvieron un rol muy presente en el programa. Pobre mi madre, siempre me ha criticado eso. Todas las madres que hago son horribles (risas). Me gusta explayarme sobre eso. 

¿La dinámica con Carlos Portaluppi? Una relación enferma, completamente, pero bien ejecutada. ¿Qué tan presente estuviste en ese proceso de elección?

De lo primero que hacía Carlos, su debut. Otro hallazgo de Adrián, ese casting. Estaba muy metido en la escritura, así que poco presente en el proceso. Aparece un personaje, a lo sumo de pregunta un productor, ‘¿y para cuántos capítulos va a estar?’ Tienen que saber qué van a buscar. ‘No, mirá, este personaje es un capítulo, nada más’. Listo, ya traen a un actor para eso. Había algo de eso de no poder opinar.

Decían, ‘viene Carlos Portaluppi. ¿Quién es él? Ni idea, pero que venga’. Después mirabas el brillo que tenía y lo que te permitía hacer. A veces nos decían, ‘che, no se vayan tanto’. No sabíamos el caso de Inés, Eleonor y Portaluppi, nos habíamos enamorado de esa historia. Lo habrás notado. Habían otros que estaban esperando, ‘¿y cuándo me cuentan un poco a mí?’ Esas cosas son normales de la construcción. Ahí ya poco opinás. Podés trabajar en el elenco, en el arranque, un poco los grupos familiares: Inés Estévez va a tener una madre, ¿quién va a ser? Ah, Eleonor, bueno. Vamos a la familia de Casero, su hermano y su madre. Bueno, una novia y tal. Damián de Santo, lo mismo.

La historia del personaje de Damián fue muy fuerte. ¿Tomando merca, con el papá? ¿La madre enamorada de su novia? 

‘Vulnerables’ potenció a muchos actores y actrices que siempre han tenido roles menores. El caso de Carlos Weber, que interpretaba al papá de Damián, era un actor que siempre había estado de villano. ¿Acá? Era tremendo ese personaje, la impunidad que manejaba. El daño que generaba.

Como tema recurrente encontré esa frágil relación que existe entre padre e hijos y la toxicidad que se puede desprender porque no se han logrado sanar heridas del pasado. La especificidad en los relatos me parece algo muy personal. Leí que escribís de lo que sabés. ¿Qué me podés contar de esto?

Siento que la ficción puede explorar esos territorios. Estoy empezando a pensar y escribir una serie, se llama ‘Mambo’, Mambo, aquí en Argentina, lo referimos a ‘tengo un mambo mental, un problema’. Lo que tienes en tu cabeza, no sé si en Guatemala se usa, en ese sentido. Estoy con un mambo, un problema, una complejidad. ¿Qué expresa una conducta reiterada en una persona? La persona que es hiper ordenada, que tiene todo perfecto en su casa, hay una taza que se usa, va y la lava en seguida. Tiene la cama siempre perfecta. Jugar y aventurar a partir de esos mambos, el mambo del orden, del silencio, sigue la lista.

Siempre tuve un gran nivel de observación, siempre me gustó imaginar escenas posibles en hechos cotidianos hacia una dirección.

Vuelvo a lo que preguntaste, hay algo en la observación. Por eso habrás leído que escribo de lo que sé, que tiene que ver con este nivel de observación. Particularmente, ‘Vulnerables’, llegó a la pantalla al final de menemismo, en donde la historia argentina se dio vuelta. Todo lo paradigmático, lo que creíamos que era el bien, llegó este señor, que murió recién, y dio vuelta todo. Argentina el primer mundo, un dólar un peso, viajábamos por Europa, Estados Unidos. Recuerdo que una vez, en un viaje por unos premios, me tocó ir en un ascensor. Creo que estaba en Nueva York. Se abrió la puerta, y entran dos jeques árabes, con toda la parafernalia, y yo estaba con un amigo, me corrí y mi amigo me dijo, ‘algo no está bien, nosotros no podemos viajar con este señor’. Como diciendo, mirá esa diferencia de clase. Argentina estaba viviendo una ficción.

Veíamos de esa ficción, ‘Vulnerables’ sale en el ‘99 y 2000, años de crisis tremenda. 2001 fue toda la explosión, la renuncia del presidente, los saqueos, 40 muertos en un día. Ese era el país que estaba en ese momento, y estaba dado vuelta. ‘Vulnerables’ expresó un poco eso, desde otro lugar, pero lo expresó. Eso hace el discurso del momento. Yo reconozco, en ese momento más, pero teníamos una debilidad por construir madres monstruosas. Por esto del mito de, en Argentina, sobretodo, hay un culto a lo materno. ‘Mi madre es lo más grande del mundo‘. Maradonna habló de la madre hasta el día que se murió. La madre, la madre, la madre. Bueno, nos permitimos contar los aspectos monstruosos de la madre, de lo materno, como figura. No de la madre en términos femeninos. Hay algo en ese vínculo que también observa, donde mucha gente se sintió reflejada. 

Carlos Portaluppi, Inés Estévez y Leonor Manso. Créditos: Alejandra López

Esto que te contaba, medio en broma, con mi madre. Dentro del elenco familiar que me ha tocado, mi madre siempre tuvo el título de ‘buena’. Mi madre es buena, buena persona. Siempre lo ha sido, sus sobrinos la quieren, sus cuñadas la quieren, es solidaria. Una mujer hermosa. Yo estas cosas tomo para escribir: un día, mi hermano mayor me dijo, ‘sí, mamá es muy buena, es verdad. Pero, que nadie se atreva a ser más bueno que ella’. ¿Entendés? Como diciendo, ese es su límite.

Esas cosas me interesan a mí, como mirada. Como vos decís, entender el dolor. Estos monstruos que nombramos, lo que hacía Eleanor Manso, Cristina Banegas, tenían derecho también. ¿Quiénes somos para decir algo? Entendíamos esa herida. A eso me refiero, cuando escribo de lo que sé. Sé de vínculos, más o menos. Me gusta mirar ese costado. Me gusta observar a esas parejas muy amorosas, me encanta. Digo, ¿en qué momento me van a demostrar la molestia, la incomodidad? Es inherente al ser humano. No es que sos mala si con tu pareja, en algún momento, tenés un entredicho. No te califica como un ser del mal. Nosotros nos íbamos, nos pasábamos de eso y llegábamos a una cosa muy truculenta. Muy atractiva, a la vez. 

También le sumo a esto la relación que existe con una creencia en un ente superior y el significado que cada personaje le dá como manera de excusa. ¿Por qué deciden ir por esa línea? Una línea muy sensible, por cierto.La incredulidad del personaje de Alfredo Casero al ver que su hermano se convierte al cristianismo, los nuevos comportamientos de quien renace y cambia su vida por completo. Para quién está fuera de esto, es algo difícil de creer.

Y además, el punto de vista desde el villano, cosa que no se hacía también. En eso que citás de Alfredo Casero, la mamá toma partido por Enzo. Le dice, ‘Enzo es bueno, vos sos malo, estás poseído por el diablo’. El otro, pobre, no sabe qué hacer con su vida, con este hermano que lo dominaba. 

Después de la primera temporada, no pensé posible que algunos personajes salieran del show. Para mi sorpresa, esto abrió la posibilidad de nuevas historias. Funcionó muy bien. Imagino que después de la buena recepción de esto, todo el mundo se quería subir. ¿Qué querían lograr en esa segunda? ¿Cuál era la meta?

Los que se fueron también lo lamentaron mucho. Tenían contrato por un año, se tenían que ir. No me acuerdo tanto, específicamente. Seguíamos, por ahí en la segunda entraron más personajes, entraban y salían. La dinámica fue la misma, no se alteró mucho. Queríamos potenciar historias que en la primera temporada habían dado mucho rédito. Como ejemplo más paradigmático, los personajes de Damián de Santo, Alfredo Casero e Inés Estévez. La madre de Damián de Santo era amante de la novia, hicimos cualquier cosa (risas). Hoy, con matrimonio igualitario, acá en Argentina, sí pasa. En ese momento, era un delirio. Cristina Benegas es una actriz increíble. Me acuerdo de algunas escenas de ellos dos, discutiendo, que son antológicas. Ella tomando whiskey sin parar. 

Lo poco que he visto de tu trabajo como autor, yo encuentro que hay algo que resuena: la cotidianidad que presentan los personajes. Me refiero, no son seres humanos extraordinarios ni súper dotados. Son personas que están en nuestra vida, personas que conocemos, a nuestro alcance. Hay un nivel de identificación distinto por esto. 

La Caída’, una mini serie de 9 capítulos, la dirigí también. Una serie que se hizo con poco presupuesto, con lo tal hay algo de esto que hablamos: cómo hacer para contar, porque finalmente tenés que poner cámaras, y sobre conflictos humanos. El resultado fue muy bueno acá. Si bien fue por la TV Pública, que no teníamos exigencia de la competencia, el rating y tal, tuvo un suceso importante. 

Mario Segade (izquierda) dirigió y co-escribió, con Virginia Martínez, ‘La Caída’. Fue emitida por TV Pública en el 2018. Se encuentra disponible en cont.ar. Fuente: Clarín
¿Qué tan difícil es que la TV Pública apoye algo? Lo pensé como el caso de ‘Perfidia’, que fue seleccionada por el INCAA.

En el caso de ‘La Caída’, primero que era del Gobierno anterior. Ahora cambió el Gobierno y cada quién viene con un nuevo argumento. En ese momento, yo venía de trabajar en Brasil cuatro años, en la red Globo. Me llaman de TV Pública, querían que hiciera una serie. Yo venía de una experiencia en Brasil muy interesante, en donde Globo, con lo bueno y lo malo, es una televisión de autor. Es una televisión en donde la palabra del autor tiene un peso que en Argentina se ha ido perdiendo.

Venía muy influenciado por esa situación. Agradecí y dije, ‘yo hago una serie para ustedes, no tengo ningún problema, pero las condiciones son las siguientes: yo la escribo, yo la dirijo, yo la produzco. Quiero hacer todo’. Me dieron el sí. Fue una experiencia maravillosa para mí. Aprendí cosas que no había hecho. Una productora muy pequeña, y yo era el productor general. Elegí el elenco, el director de arte, la fotografía, música, dirigí los capítulos y los co-escribí. Me sentí muy a gusto, con un presupuesto de la TV Pública, que no es lo mismo que ir a Netflix. El resultado quedó bien, es una serie de personajes. 

Además de trabajar con Globo, sé que has escrito para otros en el exterior también. ¿Qué cambia en tu manera de trabajar? ¿Ya te llamaron de México para crear contenido allá? 

Me están tentando para abrir una productora allí, en México. Estoy viendo, casualmente, en estos días, en reuniones con una gente de la Ciudad de México y Guadalajara para intentar con algunos contenidos. Teniendo en cuenta el mercado hispanohablante, México es casi el total. Se comparaba, el otro día, Amazon anunció para el 2021 que va a hacer 15 largometrajes y 15 documentales, series, comparándolo con Argentina que es 0,2. Es 15 a 0, la diferencia. Es otro mercado.

En Brasil, esto que te decía, fue una experiencia muy buena. Ellos querían desarrollar el departamento para producir en español e inglés. Trabajé esos años en poder desarrollar esto. Finalmente, a mi criterio, se terminó haciendo un poco apurado, se hizo una producción sobre una serie que ellos habían hecho, en portugués. Se eligió esa, que a mi gusto no era la mejor para entrar al mercado hispanohablante, pero se hizo. Lamentablemente, Globo también fue sufriendo distintos cambios en sus directivas y no siguió el desarrollo. Lo van a seguir en cualquier momento, seguro. Tienen la plataforma para competir a Netflix. Trabajé en España, Italia, estos años estuve paseando un poco, antes de la pandemia. 

¿Qué están haciendo bien en Brasil? ¿Qué se puede tomar como aprendizaje para que la ficción argentina regrese a tener esa cantidad de horas al aire? ¿Es esa apertura a la co-producción para la venta al exterior también?

Sí, puede ser. Hoy, aquí, es todo en co-producción y con varios jugadores. Si hay un canal, tiene que haber una plataforma y tiene que haber una OTT. Ya no produce un canal solo. El producto que hagás vos tiene que tener salida al exterior y demás. 

Es más complejo así, se piensa global, pero la identificación viene de la particularidad. Si se hace algo muy generalizado, no conecta.   

Business. No tengo la respuesta. Yo pienso como vos. Esa es la parte del business que yo desconozco, hay algo de esto que es así. Nos hemos caracterizado por un un tipo de programa, producto, que hoy ya no se hace. Son geniales, muchas de las series, pero algo de eso hicimos nosotros. Buenas, con buena producción, buenos actores. Es interesante todo el desarrollo de las series danesas, suecas, de este sector de Europa.

¿Las estamos re-descubriendo? Esto en Argentina lo vimos mucho. Bonusfamiljen, te la recomiendo mucho. Es una serie sueca sobre gente así, un poco crispada, pero es de vínculos. Son dos ex-parejas, los hijos, ese conflicto. Son tres temporadas. Está bien, muy bien. Pero, ¿cómo Argentina no puede hacer ese tipo de programas si ya lo hemos hecho mucho para salir al mundo? Tenemos que hacer esas series medio imposibles, qué sé yo. Esa parte del negocio que no entiendo.

A estas alturas, después de tantos años en esto, en distintos formatos, ¿qué te interesa? ¿Mucho más trabajo como director, tanto en teatro como televisión? ¿A qué le decís que sí?

Le digo que sí a lo que me permita seguir indagando. ‘Mambo’ es con Suar. Es como ingresar al mundo de la emoción, desde un costado más sutil. Es una serie que me va a permitir seguir indagando en esas problemáticas, me tiene animado. Después, estas aventuras, como la posibilidad de abrir una producción en México. Es un mercado que no conozco, como me pasó en su momento con Italia, España. Me gusta ese intercambio, me atrae, me estimula.

Cuando no me gusta mucho, salvo que el dinero sea bueno, que también pasa. Si te pagan bien, finalmente, como decía Mamet, ‘toma el dinero y sale corriendo’. ¿A qué se dedica el guionista? El guionista es el que tiene que agarrar la plata y escapar. Hay algo de eso en este oficio.

En general, estoy ocupado. Me gustan esos desafíos. A mí me llaman, generalmente, sabiendo para dónde voy disparando. El año pasado hice una serie muy linda, con NatGeo, de Disney, sobre la problemática del 20 y 21 de diciembre del 2001 acá, que fue esa represión y la renuncia del Presidente. ¿Ficcionar ese momento histórico, político? Eso me gusta, me atrae y ahí voy.

¿Qué estás leyendo, viendo?

Me gustaría leer más de lo que estoy leyendo. Estoy leyendo poco. Volví a leer unas cosas de Paul Auster. A la vez, yo escribo teatro, cada tanto. Entonces, estoy ahí, con un material de una obra de teatro que tengo hace rato. Después, estoy viendo algunas series como esta que te mencioné, Bonusfamiljen, vengo medio atrasado. No soy voraz mirando series. La pandemia me alejó un poco.

Al contrario de todo el mundo mirando y mirando, yo me repliego. Tardo en ver. Vi una muy buena, Succession, de HBO. Me gustó mucho. Vi varias series en ese tono. Y siempre revisando cosas. Tengo un hijo de 14, al que voy trayendo, de alguna manera, está permeable aún, y le digo, ‘¿querés ver?’ Reviso con él película, le voy mechando clásicos. El otro día vimos ‘Taxi Driver’, ‘Goodfellas’ y él me mira como diciendo, ‘¿esto qué es?’ Es ese cine que me ha gustado. Cuando tenía su edad, lo devoraba.

Para mí, son las películas que todavía hoy me erizan la piel. Mechando con comedias, volvía a ver ‘The Truman Show’. Quiero que conozco a Scorsese, mi director favorito en el mundo, y que entienda, de primera mano, por qué me pasa eso. Y la mejor manera es viendo las películas. Estoy preparando un taller que daré sobre la idea, en marzo, me tiene muy animado eso. Así que, estoy con eso.

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Martha Elisa Estrada Cortez

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